I
El agua va más lejos que mi propia vida
Siento que el sueño está vuelto hacia el tiempo
comi la devolución a un enigma reflejado.
No se puede salir de la luz, sin que no se descubra
esa profecia que hay entre el cuerpo y el árbol.
Mas tarde, más tarde el aire es visitado por bordes y mitades
por estelas que se vuelven contra él
si su cabeza empieza a disminuir en la distancia.
No puede salir la luz de nosotros
sin que no le salga al encuentro
esa alianza que hay entre la hondura y la mano.
II
De las cavernas nos llega el eco de una orgía de radbomantes
casi todos nosotros debemos salir con la campana
que se apiada de que la sangre sea nocturna.
Estamos todos en nuestros puestos
los filos aún están en cautiverio
ya se abrirá la cámara de algodón
entrarán dos centauros infrarrojos a engancharse
podéis vosotros allá afuera simuladles sus puestos
al buzo cargado de llaves, al bullicio de lana, al ligamento
simulad que alguna vez sentisteis un rocío terminal en los pies
todo os sucede ahora entre duraciones y estampidas
los espectros de piedra oficiaron el aumento de la mañana
y traemos aguas que celan a las columnas y a las espadas
y traemos arenas azumagadas
y traemos el fuego como mudanza
para que el día se prepare para un umbral más grande
cuando lo olvidemos
cuando ya no importe si la eternidad es diurna o nocturna
cuando el hombre y la mujer hayan traslucido
lo que la muerte va espesando en el sueño.
III
Los muertos se llevan chispas microcéfalas para sus viajes
cambian de rostro a cada momento durante el velorio
de modo que sus deudos ya no saben a quien están llorando
tal vez el mar haya insinuado levantar el velo
pero el velo nunca se ha levantado
de los valles se oyen gárgaras
con las que intentan saldar el vuelo de los pájaros cabalísticos.
Oh aguas reventadme frente a esas flechas convertidas
más dejadle a la piel esos poros equinocciales que los espíritus riegan
prefiero a mi vida, el devenir de las hormigas de mercurio por el cuerpo de los célibes.
Oh aguas, yo era el que ignoraba hasta que la luz respondió a mis huesos
hasta que las piedras dejaron que la noche agonizara.
Oh aguas, que quede sobre nosotros
solo esa liberación entre las nubes y la carne.
IV
Mi boca ya habrá conocido todo tipo de entrañas
para cuando tú me engañes con un ángel.
No quiero que la piel nos mire enteros
ni que por ella sigan los tormentos parados en la luz
estamos todos en nuestros puestos
las venas como andamios
nuestro arrepentimiento es imposible de fingir
nos exhortan los dos centauros infrarrojos que acaban de salir
y dan gritos terribles entre las achiras.
Del libro inédito "Anuncio".
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