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I NUDO INFINITO II RECUERDO LA VENA VIVA III PARA EVITAR EL OLVIDO
IV EN LOS OLORES DE LA NOCHE V LAS RAICES VI NUBES CELESTES
VII RECUERDO LA LUNA DERRAMADA VIII LA ESTRELLA CONVERTIDA EN CARNE IX EN SU CIUDAD SANGRA LA FLOR
X SU CUERPO ESTALLA XI OSCURIDAD XII AGUA ESPESA
XIV FINAL XV ULTIMO  

 

 

 


 

I
NUDO INFINITO

Los dos danzamos en el tablero redondo de ajedrez
movidos por empujones del alfil negro,
por la espuela dorada y dura del caballo blanco.
Andamos sonámbulos hacia el otro lado del sueño.
( al otro lado del tiempo )

*

Veo chorros de viejos con picor de caspa y achicoria.
El agua de la luna mezclada con sal y canela.
Manojos de aserrín cuajados por el hielo.
Muñecos de caucho submarino con túnicas de plancton.

*

Veo en las alcobas de alféizar insectos orinando sobre los nudillos.
Caracoles sensiblemente disgustados con sus prestidigitadores.
Veo como te desnudas ante ese cuadro surrealista
con tus manos agazapadas rodando por mi cama.

*

Caminamos en una selva de agujeros y ombligos de lepra,
deslizando culebras de cartón entre los muslos del leopardo.
Negra pantera de sal.
Andamos anónimos hacia el otro lado del sueño.


Jardines en el aire se desploman sobre mis sienes.
Se despeñan montañas sobre sus glóbulos.
Vacío se queda su cuerpo de sangre y tinta. De beso y verso.
Andamos derramados hacia el otro lado del sueño.

*

Veo una bailarina diminuta con sus cabellos de marfil,
danza y asiste conmigo a ese funeral sin dibujos.
Veo un rebaño entero de insectos degollados,
condenados por mil lenguas afiladas,
derramados en una azotea vacía de tiempo.

*

Veo que los olivos tienen trenzas de vino,
trozos de calaveras que brotan en la tierra seca.
Veo que a la larga lengua no le importa arrancar
las águilas de mi roja sangre y convertirla en rabia suya.

*

Calcinamos los látigos de fuego sobre el tuétano dorado,
sobre los huesos de helada miel en los sepulcros.
Arden las cenizas sobre los llanos perdidos de Venus.
Andamos moribundos hacia el otro lado del sueño.


Sé que nos separa, no el cielo raso,
ni el sueño infinito, sino un nudo en el abismo.

*

Por eso canto en monólogos de brasa intensa.
"amar es despeñarse "
OCTAVIO PAZ.

 

 

II
RECUERDO LA VENA VIVA

Recordarla es una descarga eléctrica para los huesos.
Es morder con los dientes
granos de sal amarga.
Pellizcar mi lengua
con largas agujas de viento
y borrar con su boca de vidrio
el dulce sabor a milhojas y anís.
( lo que queda es la
mirada adentro )

*

Tiene más allá de la tierra que pisa
donde tienen las nubes arriates a media altura,
pupitres de vaho. Grutas de dulce aire pero viento amargo.

Tiene allí la golondrina gris
un pronóstico en los ojos.
Son latidos de colores
en un corazón deshabitado.

*

Pero la mirada que espero, la suya,
es fino pan de oro, no bisutería.
Esa afilada navaja de luz sobre la fría nube.
Esos dientes que muerden el pellejo del corazón.

*

La recuerdo desnuda recogiendo con su boca de hielo
los mercuriales caimanes de pálido iris.
Los gestos de su alma cárdena.

*

Hay trozos de tortuga muerta
en el lecho del leopardo de nieve
por eso su mar interno
no deja de sonar
por los tallos de sangre.

Sé que en mi recuerdo
se evaporan las magnolias
y que de sus ojos brotan dos flores danzantes
que se confunden en las espumas
de esta marea recogida.

*

Es como si las olas se retiraran
con el cristal de la noche,
tornándose ésta de negro y libélula.
Un limpio alud de sábanas.

*

Al fin, recordarla es traer el aire
- gaznápiro viento - aromas de musgo,
elástico músculo de mujer.
Cielo pleno de senos.

 

III
PARA EVITAR EL OLVIDO

"...a flor de labio"
Mª.ELVIRA LACACI
Ella está allí donde enloquecen las sábanas,
donde se disuelve la espuma en la arena casi por encanto.
Allí comienza el cielo y muere la sangre
navegando por las venas su carne en lingotes de plata.

*

A veces creo que los metales pertenecen al viento,
esos minerales que se pierden a la deriva con su mirada
y despeñan estrellas cuando - con vida - amanece en sus bóvedas
esa desnuda tormenta de mimbre que a mis oïdos ensancha.
( luna clavada
en los labios)
*

Tiene lomas el árbol de su carne amarga,
por eso guardo entre las páginas los cirios derretidos,
la espuma caliente y honda, el cálido chorro de arena
que derrama sus labios sobre mis arterias.

*

Se hunden las venas de triste níquel, como tiempo coagulado,
mientras arden sus perlas sin piel que saquean la noche.
Se diría que el sol en jirones se deshilacha por su mano cerrada
mientras los olmos gimen volcanes de carne florecidos de nardo.

Ella vomita pedazos de olas que hieren las rocas de mis ojos.
Es su mirada esas puñaladas de luz sin sosiego
que nada entienden de los órganos que rozan los dedos de aguja.
Es ella la que quema mis huellas mientras la desvisto de su púrpura pura.

*

Dejaré el marfil de los dientes entre los restos de su bosque quemado,
entre los violines de espuma que suenan con acústica de carpa
para que baile la blanda lengua en el jaguar de nieve
en la espesura rizada de Venus.

*

Debajo de sus oidos, un espectáculo de pedacitos de rosas
- todas piezas indefinidas - un rumor de flor caliente
que hilvana con lunares de sombra ese cielo con habitaciones
de espuma, donde gimen los ángeles lágrimas de lluvia.

*

Quizá su sangre explote en glóbulos para teñir
las escamas del reptil, mientras con su seco aliento
el verde sapo observe que se alargan sus arterias
para alcanzar los ritmos ahogados de los suspiros.

Yo contaré las olas numeradas en los vasos vacíos de verde vidrio barroco.
Veré también correr imágenes por su boca de claveles mordidos
y quemados por un mar ardiendo de farol poderoso.
Yo no dejaré de mirar la cólera del viento.

*

Ahora guardo en estas páginas de lluvia y formón
los gritos y el fuego del dragón de nieve que moja su cola
de arteria en el vaso dormido y vacío del mundo,
en mi bolsillo de verde arena para evitar el olvido.

 

 

 


IV
EN LOS OLORES DE LA NOCHE


"Busco su soledad y hallóse enfrente
de una terrible, inesperada herida."
R. MONTESINOS
Qué falsa es la noche fría y sola
cuando no nos recuerda la muerte,
cuando los labios no se acercan
a sus estrellas navegando rabiosos
por el volcán solitario.

Considero que cuando llega la noche
el cielo se hunde, desaparece, cierra sus ojos,
la luz tiembla y hace moverse la sombra
con un seco y sucio viento de sal y cal.

*

Estoy en ese rincón nocturno y punzante
ahogándome con cada átomo
de una presencia que se sueña
dura e interrogante.
Observo en la soledad
que el colibrí tiene alas
de verde mineral
y que con su movimiento
nombra ese secreto
que siempre me acompaña.
Dentro de mí oigo voces
de reloj clavados en el tiempo.
Cuanto hay de forma en la multitud,
depende de esa figura solitaria
que bebe del vaso,
en el que se ve el mundo
con su cielo puro.
Viene conmigo, también,
esa triste sombra
de tonos azules que a veces todos tenemos.

Por eso lloro cristales
de verde espuma,
sí, lobos despeñados
cuando paseo por las esquinas
que oprime mi sangre indefensa.
Tambien veo ese gran elefante solo,
de manera volante, en el fondo
de un vaso vacío de güisqui,
está maniatado por mil arañas
que tejen su cuerpo con bocanadas de seda.
Pero lo que tengo en mis manos al final,
son racimos de soledad
que no me dejan aliviar la herida
cuando cruje la sangre a chorro.
( luz dividida )

 


V
LAS RAICES

"...parte el beso, ferviente de tu boca."
JOSE A. MESA TORÉ
Tiene la luz arterias
que suenan sin gritar.
Un peso de rabioso hierro
en el tatuaje de la noche,
en la niebla seca,
en la alcoba de cal y recuerdo.


Qué confusas son las raices
cuando no son del alma
cuando la piel es un oleaje
movido por el viento,
cuando no es de mineral la estatua,
sí, la noche.

*

Trae el mar trozos de madera
que transporta las huellas,
tablones de amor arañados
por el naufragio.
Esa soledad que ha desnudado
el cielo con su color.

*

Es el viento en la tierra
una mujer desnuda,
ese amor que mueve los sueños
satisfecho de piel.
Esa luz invisible que mutila de sol
los vértices de la luna.
( turbia lágrima )

 

VI
NUBES CELESTES

Es el día el único
que muere en silencio
pero casi todos lo ven.
Es el mineral del horizonte,
es el que me engancha
cuando veo sus tiranos colores
arrodillando a la finita noche.

*

También es el día
un desierto con carreteras de alquitrán
donde gimen los camellos ahogados de verde arena,
satisfechos quizá de líquidas abejas con sus lenguas de aguja.

*

El día con su luz cicatriza el aire,
deslía con su color al sol lunares de sombra,
olas de sangre, dunas blancas,
pedazos de mármol.
Ese pellizco de vaho que se refleja
en sus labios de ámbar.

Así es el día con su hiedra y malva,
el lugar donde ella danza con sus grandes olas
al sonido de la fragua submarina,
al soplo de esos ojos cargados por la sal que resbala.

*

Tiene también con su cielo
una costa infinita
que se pierde
en el horizonte de su piel.
Tiene esa luz que cruza en mi pecho
una bruma desmayada de plomo
que deshiela las lanzas frías.

 

 


VII
RECUERDO LA LUNA DERRAMADA

Mientras se injerta tras los visillos
una alfombra de luz y polen
y se derrama ese único mar seco de azahar,
recuerdo la tierra adornada de sol y lluvia,
pájaros sin garganta volando
en el blando cielo.

Así guardo ahora en ese cajón de lluvia pasada
los gritos de la noche satisfecha con luz cándida.
El sólido tambor de plomo
que hace sonar las tórtolas.
El rumor que entre las rosas
oigo de su cuerpo.

*

Hay una casa invisible en la verde arena
de mil ventanas invisibles
en la pared amarga.
Hay una mano pequeña que sujeta las voces
en lingotes de plata,
y una enorme luciérnaga
que goza de su piel transparente.

*

Acaso es aquí donde la noche se ha hecho
de pedacitos de sombra,
donde el mar convierte su espuma azul
en gelatina y tentáculos de nata.

Es aquí en esta casa invisible
donde se deshojan los párpados
mordidos por el molusco.
Donde el caracol de plata
resbala en sus prendas de fina seda
y se abren en canal las tórtolas
por una espada doradamente barroca.

*

En la misma casa, sí,
hay una noche de recuerdos
en la que cohabitan
el lobo y el cordero:
Un hospital de sepulcros
donde sepulto el cielo para mí.
Voces que ele van la tierra.
Suelo encima
de las sienes del aire.

Después ella ebria de águilas en el centro del pecho.
Unos densos ojos grises donde se esconden
los jardines de espuma,
la negra pulpa de su fría estrella.
Un río cortante lavado de lágrima.
un puñal de pestañas.

 

 


VIII
LA ESTRELLA CONVERTIDA EN CARNE

Un río interior.
Saben esos gestos sin tener sabor
a besos rotos por los clamores,
a temblores y latidos de colores.
A una nave, de ésas, sin ruedas
que navega en los lomos del aire.

*

Ni con el espejo de frente,
veo su rostro al rozar
sus senos mi espalda
y clavar con el puñal
de escarcha sus ojos
de miel helada y genciana.
( emérito mar de luces )

Alguna vez me engaña el aire
cuando lo respiro.
Falsea su viento con la cuerda del verdugo
que me ahoga.

*

Canto albores de filo sueño.

*

Ampo beso. Dura escama.

*

Cáscara y jirón.

*

En la fragua dorada
está el polen ardiendo.

*

Hierven los ganglios inflamados
Cuando de sus ojos brota agua
que me transporta la libélula mensajera.

De duro cuarzo
es su blanda lengua.
Contradicción del beso.

*

Su mirada:
Relámpagos habitados de fárraga menta fría.
Lívida y galaxial borrasca de fina flecha.

*

Su aire:
Puro aliento de estatua.
Sol nocturno de pulpa y espuma.

*

Su cielo:
Mixtura clara de añil blanco.
Desde aquí verlo me da vértigo.

Para verla de cerca
hay que saltar
la cortina de sueño.
Pellizcar la ola muerta.

*

Cuando la miro una ciudad llena de tigres
muerde en su vientre, lamen mi boca.

*

Cerca de ella está la frontera,
el aire de la noche,
corrientes de esquirlas que evaporan la sangre.
Un complicado nudo entre sus carnes.

*

El cielo que le asiste
tiene mapas de geografías invisibles.

Ahora sueño con esconderme
en el centro de su tuétano.
En la médula de sus huesos
con sed de sed
nadando en la ola de yeso,
en la herida abierta que me mira.

*

También lavar en el cristal de la madrugada
esa herida con roja helada lava.
Esperar el último turno de la flor amada,
el invierno con su maquillaje de nieve.
Un cielo pleno de labios en ellienzo de aire.

 

IX
EN SU CIUDAD SANGRA LA FLOR

Maleza de tibio mármol y alquitrán.
Es la ciudad como un licor de constelaciones.
Sus calles aparecen inundadas por corceles
que sujetan el vuelo de las garzas.
En su recorrido ha dejado el eco del viento
un campo de espuelas que clavan con su garganta
mil hachas de hielo.

Es la ciudad con su multitud
una obstinada lengua de escorpiones,
de fantasmas con sólido vértigo,
de gavilanes solitarios,
de gacelas sinuosas.
( frío clavel )
*

Allí - la mujer enredadera - entierra los espejos
en la sucia arena que tiembla olas de mar.
Para esperarla me he acostado en esta tierra blanda
vestido de viento a su deriva.
( nube sucia )
*

Sí es una ciudad dibujada por el mar.
Yo recorro sus bahías con el latir de mi sangre
que derrama la flor agitada por la vena viva.

*

Cuando ella pasea por la verde arena,
la espuma turquesa de las olas
disuelve las huellas hundidas
sobre los latidos de las conchas.
Sobre los ojos ciegos de su marea.

Por su cuerpo, en la playa, suben las alondras
hasta el cutis de mármol.
Desfilan plumas grises de escarcha.
Blanca leche en su pared.

*

Su eco no está perdido,
sólo la estrella de luz.
Sin verla oigo el temblor de sus gestos.

*

Esas alondras - con invisibles colores -
anidan debajo de la fina piel.
Allí pasan errantes sus ojos negros
y las manos de cristal
gozan de sus alas de plata.
( prisiones de tórtolas )
*

En aquella ciudad donde ella está
me encontré la luna derrumbada.
Me detuve y entre mis manos
recogí su luz perdida.

Ya tarde se espolvorea el horizonte.
Aparece la luna de nata
y una flor sangra lejos.
Es su mirada rota
en aquella ciudad diseñada por el mar.

 

X
SU CUERPO ESTALLA
"...caliente voz de hielo."
F. Gª. LORCA
Sus senos:
Dos volcanes geométricos.
( cuerpo fatuo )
*

Jardín de ecos, tambor de níquel.
En sus ojos gira el viento.

*

Campos de reflejos, gavilán nocturno.
En su piel fluyen las estrellas en polvo.

*

Llanos fluviales, facciones mordidas.
En sus labios despunta el horizonte.


Sombra mojada, escombros de mar.
En sus dientes hendida sonrisa de sal.

*

Se disgregan los dedos de arena, chorro de uñas.
En sus manos bebe la alondra su néctar de púrpura.

*

Un colibrí amarillo, eléctricas alas de luna.
En sus muslos canta y ríe la serpiente que se acerca.
( manso frenesí )
*

Un paisaje estalla, tulipanes reventados.
En su cuerpo brota la sangre en llamas.


XI
OSCURIDAD

Noche mutilada de luz natural y sombra artificial.

*

Los dos plegados bajo el ala del ángel,
acurrucados y oscuros en la sombra: Enterísima, negra.

*

Tiene la sábana que le manosea
olores que la paloma los toma en su pecho.

*

Mis manos embuten metros de piel.
Borracho sangra mi vientre satisfecho de sus sabores.
( pacharán y luz )
*

Hay una gruta bajo sus párpados de nata.
La recorre un ósculo de almíbar. Ahora sueño.

*

En la cama sube la marea de alga y sal.
Oleaje entre las piernas: Flujo y petisús.


¿Flores de su sangre?
Abierto está el nardo por las dagas de blonda.

*

En la sombra. Dos brasas la hieren.
Es como alfiler el vértice azul del astro.

*

Oscuridad. El sol seco se desploma.

 

XII
AGUA ESPESA

Derrama subterránea, térrea lágrima, agua espesa.
Me dije:
Tengo cerca la frontera,
la espuma de la noche,
corrientes de esquirlas que alargan la sangre,
un ancho mundo reflejado por la lluvia oscura.
A lo lejos ella:
Una pequeña danza de besos en ésa su sangre
pinta éste, también suyo papel entintado,
negro
y sepulto su sombra para mí.
Por eso baño son sudor de deseo,

axilas de agua espesa.
de mirarle sueño notas y danzas,
música que cabalga en silencio
y detrás, un espejo preñado de luz en lo alto.
a semejante altura, se alza el pecho
y en silencio emborracha de sed
cada cabello desnudo en el agua hondo.
Justo allí del ojo nace la nube albeada
y flotando a Dios domina con el emporio de la mirada.
Y evaporando mana un sol de olas en el agua espesa
cruzando su pecho la escultura del mundo
en busca de mi sangre.

 

XIII
AHORA


( se desgastaba su cuerpo efímero
hilvanando el tiempo. Escondiendo el cielo en el suelo.)

¡Que danzan!.
¡Que nutrían lágrimas!.
Los ojos color güisqui.
Que vivían en la calle Aorta
encofrados de agonía.


Diosledé, siempre voladora el verde que le falta al ave,
antes de dorarse las voces subterráneas
antes...
Diosledé otra vez las alas de la alondra prisionera.

*

Si se olvida de la luz densa
dormirá entre las sábanas
los cuajados glóbulos llenos de silencio,
exigidos por el ángel,
recorridos por la carne.

*

Ahora debe estar.
Chorreando porosa.
Debe estar festejando en el abismo
ese tiempo redondo que gira
salpicando dulces minutos.

*

Ahora dormirá.
Súbitamente buscando el perfil de la luna,
el color carnepezón,
el ánfora de bronce y humo. Un hangar de dulce cieno limpio.

 


XIV
FINAL

Ya digo a media voz
palabras de luto rosa,
ramos lavados de tierra
frutos de sal en el aire.
Y sigo recorriendo
esos ojos encogidos por el vendaje
por la gota lavada de espuma y turbán.
Pájaros sin tiempo, abatidos por los siglos
esperando el último canto,
un nuevo sol estricto.
Exacto como la muerte.
( aritmética )
*

Después:
El canto del cacuí,
voces tatuadas de tinta seca,
fría menta en su boca fresca.

De sus alas sale el mar.

*

Ha de volver, también, ese caracol naranja
a besar con mis labios
los pronombres de su cuerpo.


Arderán mis venas de gran arroyo
sobre los llanos perdidos de su pecho

*

Vomitará la noche largos tentáculos de oleaje,
prolongaciones digitales de los ángeles.

*

Se espolvorearán las nubes celestes.
Nata de luna solar.

*

Miraré por la ventana. Se caerán mis ojos
por el precipicio en espiral al gran arroyo abismal,
al nudo helado intempestivamente dorado.
A las azoteas cuadradas...
Jamás una sangre más sólida.


Se disipará la mirada.
Inconmensurablemente
se abismarán chubascos de estrellas
al desierto de nudo infinito y vidrio.
Al gran arroyo vacío.

 

 


XV
ULTIMO

Latido adentro
Dije:
Se han cerrado las sábanas de bruces,
los encajes amarillos de sol seco,
el líquen azul sin astas de su cuerpo.

*

Los vasos de flujo y saliva
con sus pródigos claveles vivos
lo mezcla el ángel que le besa.
Y el filo de la espada
empapa de piel y sangre
cada día que transcurre.

Ya no queda noche eternizadamente remota.
La tierra con su estómago que tiembla
ha digerido los gestos catadióptricos,
esa bailarina diminuta con su pupila de plata.

*

Es en la pared donde tengo su fuego por solapa.
Un tabique de esgrima doradamente preciso que me viste de aire.
Allí adheridos están los últimos espejos.
El geranio de hueso que no cesa de respirar.
El agua incandescentemente flexible y transparente.
Un corazón disuelto por el cobalto.
Un brazo ebrio de avispas sin aire donde volar.

*

En ese muro está su última silueta concreta.
Una ciudad de felinos pegados a su cal.
Constelaciones de besos fríos.
Flores coronadas de labios.
Lunares ardiendo en su garganta.


Ya no queda noche eternizadamente finita.
Ya no quedan pómulos para besar despacio,
ni materia que cruce el pecho adentro.
Sólo luz de brasas brotadas en su silencio.
Quemadas cicatrices.
Sábanas por cielo.
Espuma amarga.

 

" AL final de todos estos versos el alma se adormece. Te lo dedico a tí Mujer.

 

 

Mi nombre es Rafa Macías soy licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla , soy un aficionado a la poesía, estos son algunos de mis poemas que llena de sentidos una vida pasada.

Rafael Macías Mateos. rafael_macias@colpal.com."

 

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