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Rafa Macías

 

 

LUNA LÁCTEA

Es infinito el eclipse de blonda que en el cielo recoge
los caimanes grises cuando mi sueño lo detiene el recuerdo,
cuando sostienen con sus dientes fríos esa mirada
que con la paleta mezcla mil colores derramados
por la nube iris. Por el astro seco. Por el sol templado.

*

Se hunden los volcanes de carne despeñados de barro.
Se evapora el sol en jirones de sal amarga.
A veces creo que sus metales pertenecen al viento,
esos minerales que se pierden a la deriva con su mirada.
Esa desnuda lava helada que desviste de su piel al cielo.

*

Quizá deje la luna un hueco para que mis manos acaricien
su ladera infinita, el mar tendido y solo en su frente de plata.
El nudo que entre sus carnes recoge el delfín redondo vestido de tierra.
El néctar de estrella que hiere con su luz las rocas.
El tambor de porcelana que frágilmente hace sonar las tórtolas.

*

Recuerdo como me perdía con la noche de nardo y miel.
A veces cuando sostenía la luz templada de su rostro
oía una voz, era de la ola morada cuando se exiliaba
con su espuma a disfrutar del mar seco de azahar.
Era un laberinto arrugado y galaxial de sábanas donde me perdía con sus lirios.


Todavía esta perdido el mar de nata entre sus sábanas de hueso.
No hay mas que esa calavera de alacrán que desnudó de lágrima el alma.
El pilar interno de un puñado de venas de carne y cristal.
Ramos de garganta hincadas, ya sin voz, por el faisán.
Un águila inmensa a los pies de la cama de su cielo muerto.

*

Ahora acuchilla mi garganta ese zumo ácido de recuerdo silenciado.
El lóbulo de un caracol que se desnuda cuando crece la montaña.
El viento endurecido y confundido que gira en la luna láctea.
Esa voz de espuma que me arrincona con sus puñales de roca.
El cristal de un espejo vencido por la garra templada del tiempo.

*

Tiene el espejo que le mira pájaros que cantan
con sus puñales de alhelí y caen desmayados, vacíos de arterias,
desvaídos sobre el suelo de yeso y miel, al ver los corredores del viento.
Ella los recoge ayudada por el perfil de la tormenta. Con las alas del aire
alcanza los manantiales de la lluvia, las agujas de los astros.

*

Su sangre, quizá ahora, explote en glóbulos para teñir
las escamas del reptil, mientras con su seco aliento
el verde sapo abserve que se alargan sus arterias
para alcanzar los ritmos ahogados de los suspiros.
La espesura, donde gimen los ángeles lágrimas de lluvia.


A ella la recuerdo paseando en aquella verde arena de luna láctea,
donde el sol con sus dedos alargados de sombra sirven de prisión
[para las tórtolas,
donde la nube sucia se refleja sobre los escombros de sal,
los tulipanes crecen en su corazón digerido por el delfín
y donde las sábanas de amíbar se tornan de ósculo fatuo. De nalga y alga.

*

Ya se ha cerrado la ola de espuma movida por ese dragón
de viento que me recuerda las raíces cárdenas del alma,
los claveles ardiendo que hilvanaron a nuestros cuerpos.
La boca fría que sujetaba ese farol ardiendo de hielo.
Las lomas de sábanas que hirvieron en un mar de yeso.

 

 

MAR DE ÓLEO


Un paisaje, mar de óleo.
Un cuadro.


Un paisaje. Es ese gesto instantáneo
de la nube sola, del cielo seco,
de la curva que da el viento,
de los árboles y sus latidos.

*

Lo rodea ese aire minúsculo de levante,
ese cielo espumoso y mineral,
esa savia que de la nube brota con calor,
ese líquido coral que desprende la luna derretida.

*

El dulce sol lo preside, levísimo pájaro amarillo,
ángel que escupe y grita mastines de mármol,
pájaro vestido de tierra, inundado de cielo.
Tórtola de acero en rumoroso esplendor.

*

Las sombras de níquel enloquecen de calor,
son eclipses que derriten la luna helada.
Sonorísima garganta de aire y sol.
Azul, amarillo, rojo. Casi luz.

*

En los árboles bogan pequeños bailarines que navegan en savia y clorofila.
Acarician la corteza azucarada de blonda y miel,
el volante amarillo de madera que enreda con sus rayos el sol suelto.
Son pequeños bailarines, pequeños caracoles de nata, con pequeños pies de nácar.


Trae el cielo esa fiebre del águila tendida
que maneja la luna libremente acariciando su frente con frío metal de mercurio.
Estalla, rompe en mil trozos de sol seco.
Diluviando pedazos de cielo envuelto en papel de nube blanca.

*

Ahora aparecen las flores confundidas por el verde que el insecto de vidrio se bebe.
Polen vírgen que arroja los diminutos dedos de plata y piel
en los estambres sin luz ocultados por el pétalo de plomo.
Es la dureza del viento quien lo transporta en su garganta de nieve.

*

Así como de los párpados del cielo quieto,
traza ahora el río un febril horizonte,
son fantasmas de fondos y abismos.
Tiralíneas en la tierra.

*

Flotan en su paisaje trozos de hierro,
cristales de agua que la nube recoge.
Espumosa arena de exacto sol
que perfuman de gozo los labios del río.

*

Ruedan, dorándolo todo, los cantos en el meandro de luz,
cañadas de fondo claro que aumenta los plumajes de las olas,
torbellinos de tuétano rojo del que beben los peces de rama y escama,
relojes sin tiempo, diáfanos y solitarios que habitan sus aguas.

Una pequeña herida en mis ojos hace invisible ese paisaje,
manada entera de glóbulos esconden sus espejos.
Amnesia de vértigo se derrama evaporando sus contrastes,
un pájaro que imagino me ofrece la luz con su vuelo.

*

Clava él con sus flores de miel racimos de cielos,
mar de óleo sobre el que bogan tigres de arena,
pinceles rápidos de tatuaje sobre mis párpados,
sólidos colores que con su sangre en llamas me emborracha.

 

 

AMAR MAR ADENTRO

" ¡Déjame recordar el silencio en tus profundidades! "
F. HÖLDERLIN
Sobresalen los flamígeros pílonos, nerviosos de ese mar gótico,
cuando se vacían cuencas enteras de sal y crustáceo,
cuando planean en sus células cataratas enteras de seca piedra.

*

Son oscuras catedrales repletas de moluscos que prolongan sus arterias blandas
para alcanzar con tiralíneas a la rápida gaviota,
al paraíso que cuelga en su pico de Titán dorado, infinito.

*

El mar es el espacio sumergido, galaxias invertidas, espumosa lengua continua,
universo reivindicado por planetas lejanos en el tiempo.
Infinito sin límite adentro. Un desorden en el cajón de lluvia.

*

Aquella línea que lame el horizonte no es el fin del océano
Si no ombligos desnudos - de un meridiano - que se ponen en fila.
La ola con su perfil rotula desvanes de orquídea y tórtolas
Allí en el extremo donde los delfines acarician su ecuador.

*

Los peces de luto y escamas de sangre flotan borrachos
de tinta blanca. Dirigen sus voces ahogadas a la fría tierra.

*

La ballena grande porta en su proa pequeñas bailarinas
enemigas de la tierra, sapos marinos gastados por el yodo

*

El tiburón con la rémora de oro sacude los parásitos
que insultan con sus aguijones de coral y plata.

*

Por el mar porta el verdugo viento, en su cola,
una jaula plateada repleta de excesos sin escapatorias.
Maremoto de blondas y algas.
Algunas mañanas todas las olas de sal, construyen yesos
y zarcillos que cuelgan venas rellenas de sangre y espuma de acuario,
donde un imperio de espejos reflejan su faz de tormenta.
Hay carreteras azules bocarriba. Cuando sacude el trueno
con su azabache de luz dividida. Es el lago oscuro, flotante
en el cosmos, repleto de estrellas mutiladas el que se emborracha de luto.

*

Navegan en las olas cenizas con sus hachas cerradas.
Viajan islas cortantes con acantilados de carne roja.
Sepulcros de peces que engulle con su proa cipreses de agua.
No tiene más cara la muerte que la que trae esa ola cerrada.

*

El mar se presenta dibujado con mixtura de agua y moaré.
Agresivo con su témpano blanco de plomo y carcoma.
Nocturno con su tormenta que porta la mariposa cardinal.
Cruel con su rostro que despunta en los garabatos de espuma azul.

*

Ríos de cielo me cuelgan cuando lo observo.
Siempre funciona esa máquina creadora de olas.
Música de algas y aria. Sarabanda.

*


Un inmenso lago naufragado es para el río "el mar".
Quien pudiera residir con su remite tan lejos.
En ese abismo infinito y submarino.
En ese paraíso de almíbar azul.
En ese formol naranja, incontingentemente, desembocado al río.

*

En la profundidad se transparenta un retrato bajo los encajes
de cromo y cobalto marino. Lo pinta el pez desnudo
con tafetán de cartón piedra.
Me induce a venerarlo con sus sábanas de aire submarino.
De oxígeno líquido. A sacrificar también la ola limpia de sal.
A inundar con latidos de óleo la sangre que derrama.

*

Es su retrato el que trae el mar en su nudo adentro.
Ese que induce - con su lluvia de peces - a recordar
lo fácil que es temblar al verla desnudarse de sopor y mandamiento.
Al ver rozar la ola pintada de nata su piel
y encogerse los tendones, contorneados, aterrados y fríos.

*

Cuánto diera por navegar en su silencio y morder
el álbum de gestos en las profundidades hacia las últimas olas
del astro. Acabar con la bola de sal que escuece con dolor
el corazón atascado. Y amar mar adentro.

" AL final de todos estos versos el alma se adormece. Te lo dedico a tí Mujer.

Rafael Macías Mateos. rafael_macias@colpal.com."

 

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