Estábamos demasiados cansados para morir
por eso nos mantenemos despiertos y seguimos viviendo…
en Sepulcros.
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Voy
A decir a media voz
Palabras de luto rosa,
De ramos lavados de tierra,
De frutos en el aire,
De ojos encogidos por el turbán,
Por la gota lavada de espuma,
De musgo, de humedad,
De silueta, de malva.
De risavida.
Jayán.
Púgil,violenta sombra.Hércules y Terne:
La Muerte.
Porque morimos solos,
Aunque estemos acompañados de muerte.
FABIAN
Unos pies conmovidos sobre el suelo, abatidos
como los siglos,
Sin pájaros, sin tiempo desde un cielo
infinito, roto, apoyado,
Esperando el último canto; un nuevo sol
estricto….
…exacto como la muerte
EL EDICTO DECIA:
Que su olor perdió la ruta
En el bruñido carey.
Un aire de mohines oblongos derramó
La cenefa gris y macilenta.
Era una caterva de gusanos cantando “ Madreperla”.
Apenas con ínclito silencio
Paseaban por un cofre de cornucopia
Ya sin huesos:
EL PRIMERO,
El que en la boca portaba EL EDICTO
Allí el ojo galante de ungida telaraña
Besaba inocente ese luto versátil de mágica humedad.
También colgaba la ménsula,
Y una fungosa columna ondulada y enervada:
Se dirá que olía a musgo y piedra esplín.
El mismo sendero en la garfa pisaba los visillos, telúricos visillos marrontierra
Y una gama de ninfas
Abortadas por un sol de nuez
Olían a yema de luz sobre el que derramaba
Embutida lágrima,
Un sol sin tejidos ya lumbre de lentos pasos.
Después:
El canto del cacuí
Hacía pronunciar al boj Fabián
Bruñidas piedras añiltierra
Y de sus brazos salía el mar.
Y transitaba como virgen
Por un cielo nacarino de orozuz
Su fungosa sombra, hambrienta de luto.
De los ojos como pésoles
La nalguda mejilla eyaculada por la linfa se disputaba con Los labios el tiempo
eterno y redondo
Se desgastaba su cuerpo efímero hilvanando al tiempo,
Escondiéndose el cielo en el suelo.
Y los gélidos gusanos dormían atetados buscando súbitamente el perfil de la luna, el color carnepezón,
El ánfora de bronce y humo.

Que danzaban.
Que nutrían lágrimas,
Los
Ojos color güisqui de Fabián.
Que dormían en la calle Aorta,
Encofrados de agonía.
Lo que quedaba era la mirada adentro.
Chorros de muerte
Bajo la cripta.
Ahora debe estar.
Chorreando porosa:
Debe estar festejando en la médula
Una vida de cripta o hipogeo
Fría como iglú, un paraíso sufrido y salpicado.
Si se olvida de la luz densa, dormirá tras la orgía los cuajados glóbulos llenos de silencios, exigidos por el Angel,
Recorridos por la Carne
Y en su espalda anunciará el deceso bajo la fiel fruta.
Final:
Diostedé,siempre voladora, el verde que le falta al ave,
Antes de pronunciarse la sílaba subterránea al musgo
Antes…
Diostedé otra vez las alas de la mensajera libélula
