
“Nunca
sabré para quien son tus palabras,
si hay
una o mil mujeres en tu alma.
Nunca
sabré por qué escribes,
si es
solo por vanidad o por esperanza”.
Odilia
No es en la muerte, sino aquí,
Donde hay soledad.
A ella permanezco abrazado,
Sin ella nunca hubiera
Encontrado la forma
De incinerar mis deseos.
Sólo espero que el tiempo
La haga mortal.
Sólo espero que dé un traspié,
Se arroje por el precipicio
De mi vida, al fondo recurrente,
A los mil cielos sin nubes
Que roza el silencio sumergido.
Espero que lentamente reviente
Mientras la rechazo
Porque duele su agonía
Y poco a poco desfallezco,
Porque duele su secreto.
Secreto de soledad.
No es posible olvidar
Que era el mar, con mil pétalos de sal,
Infinito pronunciado,
El que salía de tu postal,
Cuando la leía.
Jamás, tanto azul seducido,
Nunca, tanta flor explorada.
Dolía tanto…, de forma tan,
Tan silenciosa…,
Que hasta el viento
Huía de tu boca
Con la que pronunciabas Afar Sicam,
Lejos, muy lejos.
Cerca del vértigo.
Cercamuycerca.
Lejos del cielo.
Háblame de amor,
Mientras que tus manos,
Con tu pelo me seducen.
Cuando rozas tu cuello,
E interrogas al aire
Con tus gestos.
Abrázame de reojo
Mientras con tu viento
Me consuela
Y aprendo de tu silencio.
Qué peligroso resulta
Para la vida
Un grado excesivo
De vigilia!.
“La vida… ¡Tantos mueren sin probarla…!”
José Luis Sanpedro
Como cae la lluvia ahora…
Aquí recuerdo
Como insistentemente llamaste
A mi soledad, navegando
Tus palabras de sangre, a través
Del tiempo, hasta este día
De luz y vida.
Hasta este Vestido Largo que es y será
Nuestro 20 de Octubre.
Es la luna la que te saluda
Es la estrella la que esculpe
tus cabellos
Hasta el sol se distrae
con tus reflejos.
Cuando pasen los años
Intentaré quedarme para mí
Las cinco letras de tu nombre,
Para entregar su color, si me permites,
Al sol,
A la estrella,
A la luna.
Hay un viento fuerte que lleva
Este
verso de amistad al tercero:
Fabrizio.
Es esta definitiva perfección:
Tus labios de azafrán.
Y lo que quiero es
Que cuatro Querubes los custodie
Para que nadie saboree
Ese cielo por boca
Que me interroga,
Y…
Que aún me pertenece.
Cómo se atolondra el alma
Cuando se mira detenido
El pensar que refleja el espejo.
Tal vez porque nunca lleguemos
A cruzarnos en esta realidad.
Como tartamudea el corazón
Que soporta su desnudo brillo
Cuando cierro los ojos
Y me devuelven rápido tu silencio.
Tal vez porque nunca lleguemos
A saborear esta vida fuera del olvido.
Me gustaría saber como decirte…
Que no puedo dejar de ser
Malabarista de sentimientos.
Pero me tambaleo
Por seguir el camino que dejan tus ojos.
Quiero que me invites,
Aunque sea de incógnito,
A entrar en este espejo que miro,
A recorrer después las alcobas vacías
Que llenamos en tantos días.
Pero sigo aturrullado. No. Miento:
Es miedo, porque creo que es inútil
Adentrarse sin estar en guardia,
Sin, tan siquiera, poder descifrar
Tu corazón rompecabezas.
Me adentro en tu espejo,
Recorro espacios de sombras,
Pasillos vacíos, sin refugios,
Y tú estás a lo lejos,
Donde los pasos de “El triste Vals” de Sibelius
Son tus ojos color avellana
Que devoraron todo aquello
Que me robaste.
Así es tu realidad
Que no es más que piel del pasado,
Una aire antiguo, ya sin miel
Que mueve árboles sin sangre,
Savia seca de blanda piedra.
Versos abiertos de par en par.
Dime mujer!
Que… ya no tengo miedo!
Si sigue siendo este tiempo redondo.
Si es mi decisión,
La de buscarte,
Aquí en este lado del sueño,
Producto de obsesiones,
Sin razones.
O imposiciones de rigurosa despedida.
Se acabó el tiempo,
He de salir,
Junto las manos,
Abro el verso.
Salgo.
Fue mejor el paisaje
De tu Estrella Polar en el espejo
Allí, al menos,
Te vi pasar lenta como El sibelius,
Aunque lejos.
Porque el mañana
Fue vestido de ayer allí.
Y el hoy
Se encuentra aquí desnudo.
Lo que hoy es olvido, desierto,
Fue al otro lado los ojos del ciego
Que no necesitan ver
Aunque estén abiertos.
Rosana (o un aire
sin frontera)
He podido imaginar paisajes verdes
Que rompen los armazones de cualquier mirada
Y hace que roce con mis dedos su lienzo de
brillo
Porque no hace falta verlo para saber que
es infinito.
Igual que ese verde sin fronteras, que es
tu tierra,
Así puedo imaginar sorprendido cualquier ritmo
sumergido
Que se deja entrever por tu pecho: Tu Alma.
Porque sin verte, sé que tu patria querida
El corazón y tus gestos serán binomio perfecto,
Una ecuación adentro
Como tu silueta intacta bajo la piel de tu
cielo,
Como tu pensamiento clavado en la hierba arrancada,
Como tu paisaje y tus gestos abrazados
Por un aire sin frontera.
¡Rosana!.
Me voy de mí,
Sin reconocer
Que este no-tiempo
Con ella es un doloroso vacío.
Pude seguir
El rastro de sus ojos color avellana
Que me llevaban,
Como tantea el ciego, a reconocer
La única muerte verdadera:
Aquella que envenena
Con deseo cualquier alma.
Aquella que entumece
Los tendones de la carne.
La única forma posible
De resucitar, así sin más,
En vida.
Una parte del tiempo
En el que la ausencia
No deja de latir.
En el que parece
Sentirse sólo
El rumor
De la sangre
Por las venas.
El silencio…
Más que sordo
Es ciego.
Es la lejanía
Del alma
En la memoria.
Es el color
Profundo que
Se toca, se oye
Pero que no
Tiene ojos.
Y su sonido sabe
A soledad,
Como la ausencia.
Pálida luz de otoño
Que no puede ser fotografiada
Porque siempre tarda en decidirse
El flash de tus palabras.
Háblame con ese mes lleno de ti
Donde las tardes se deshacían
De su luz cuando me abrazabas.
Por eso… quizá
Ya no es posible ver tu otoño
Porque su luz la detuvo
La indecisión de tus labios.
Tu lengua sujetada.
Este Octubre, lleno de ti,
Prisionero y enfermo
No es más que frontera inoportuna
Entre lo que fue idilio
Y lo que pudo existir.
Pálido mes, pero mágico,
Náufrago en las sombras,
Lléname de ti,
Arráncame de mí.
Tráeme a ella.
¡Lástima!
Lástima que ella no recuerde
El deseo porque lo encarceló
Los ojos del viento.
Lástima que ya no sepa yo poner
Un beso en tu boca.
Lástima que ya no se abra el día
Cuando te siento.
Lástima que ya no te piense en mi llanto
Porque tu “yo” se lo bebió
mis lágrimas.
Lástima que ahora soy yo
El que enseña mi rostro
A la curva última del mundo.
Lástima que haya dejado de nacer en ti
Para morir en mí.
Lástima que demasiado a menudo
Sea imposible llegar a tiempo
A las cosas.
¡Lástima!.
Un beso triste,
Un dolor profundo…
Un dibujo en el aire.
Y tus ojos para sentirme vivo.
Jazz y Ortografía.(Joe & Joe)
Que en La Casa de la Panadería
Vienen Joe Zawinul y Joe Lovano
A tocar con los poetas.
El orario y la hentrada
Son libres
Como el Jazz
Y la ortografía.
Es lo que nos diferencia
De los animales.
Estos no son conscientes
De la memoria,
Ni tan siquiera del olvido.
Creo que las horas pasan,
Y hasta mueren,
Pero el tiempo
Es memoria que se piensa.
Y el ser humano
Es un ser
Históricamente inconsolable.