MAR DE ÓLEO
Un paisaje, mar de óleo.
Un cuadro.
Un paisaje.
Es ese gesto instantáneo
de la nube sola, del cielo seco,
de la curva que da el viento,
de los árboles y sus latidos.
Lo rodea ese aire minúsculo de levante,
ese cielo espumoso y mineral,
esa savia que de la nube brota con calor,
ese líquido coral que desprende la luna derretida.
El dulce sol lo preside, levísimo pájaro amarillo
ángel que escupe y grita mastines de mármol,
pájaro vestido de tierra, inundado de cielo.
Tórtola de acero en rumoroso esplendor.
Las sombras
de níquel enloquecen de calor,
son eclipses que derriten la luna helada.
Sonorísima garganta de aire y sol.
Azul, amarillo, rojo. Casi luz.
En
los árboles bogan pequeños bailarines que navegan en savia y clorofila.
Acarician la corteza azucarada de blonda
y miel,
el volante amarillo de madera que enreda con sus rayos el sol suelto.
Son pequeños bailarines, pequeños caracoles de nata, con pequeños pies de
nácar.
Trae el cielo esa fiebre del águila tendida
que maneja la luna libremente acariciando su frente con frío metal de mercurio.
Estalla, rompe en mil trozos de sol seco.
Diluviando pedazos de cielo envuelto en papel de nube blanca.
Ahora aparecen las
flores confundidas por el verde que el insecto de vidrio se bebe.
Polen vírgen que arroja los diminutos dedos
de plata y piel
en los estambres sin luz ocultados por el pétalo de plomo.
Es la dureza del viento quien lo transporta en su garganta de nieve.
Así como de
los párpados del cielo quieto,
traza ahora el río un febril horizonte,
son fantasmas de fondos y abismos.
Tiralíneas en la tierra.
Flotan en
su paisaje trozos de hierro,
cristales de agua que la nube recoge.
Espumosa arena de exacto sol
que perfuman de gozo los labios del río.
Ruedan, dorándolo todo, los cantos
en el meandro de luz,
cañadas de fondo claro que aumenta los plumajes
de las olas,
torbellinos de tuétano rojo del que beben los peces de rama y escama,
relojes sin tiempo, diáfanos y solitarios que habitan sus aguas.
Una pequeña herida en mis ojos hace invisible ese paisaje,
manada entera de glóbulos esconden sus espejos.
Amnesia de vértigo se derrama evaporando sus contrastes,
un pájaro que imagino me ofrece la luz con su vuelo.
Clava él con sus flores de miel
racimos de cielos,
mar de óleo sobre el que bogan tigres de arena,
pinceles rápidos de tatuaje sobre mis párpados,
sólidos colores que con su sangre en llamas me emborracha.