
AMIGA
Me pides unos versos…
Yo,
Te podré dar esos dibujitos,
Que con su huella,
Las olas del mar extiende,
Y logro arrancar de tu alma
Esa, tu sonrisa liviana.
Pocas, pero a veces,
Porque aún no te conozco,
Abres las manos para entregar
Los colores del alma,
Y todo cuanto vives
No quiere despedirse
De todo cuanto inventas.
Todo parece ser gracia
Cuando te acercas, tibia, serena,
Con ese mirar cielo,
Como si quisieras caminar
Con zancos
Sobre el pensamiento.
A medida que escribo,
Infliges con el rostro
Que estos versos logren conocer
Tus gestos cuando te recuerdo.
Ya va saliendo tu territorio escondido,
Y con estos versos,
Inmensamente, y sin fin,
Digo:
Fue puro conocerte
A veces, en los ojos,
se aprisiona el mayor
de los lenguajes
si eres lista, que lo
eres, verás que no son los ojos
sino las palabras las
que engañan.
Enséñame a leer entrelíneas
Para dedicar con mi
lenguaje
Lo que inspira tu mirada,
Para dedicar con mi
mirada
Lo que mi inspira tu
lenguaje.
Espero que sean mis
ojos,
no estas palabras
las que te inspiren.
“Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una hija tal vez
y más de medio sueldo”
Luis García Montero
Reconocí ayer cuando la vi
Aquellos ojos marcados por el fondo de un olvido
Y no supe aterrizar el platillo volante
De mis nervios dentro de aquel coche nuevo
Que tanto esperaba vislumbrar esos dibujitos
Producidos por el vaho de un tiempo
Que dejó ser presente para nuestras vidas.
Sin nada más que las olas producidas
Por aquella mirada, pude acariciar
Esos ritmos reducidos, redondos, recurridos.
Eternamente pulso,
Que resonaba dentro,
Muy dentro,
En llamas.
Lo dejaba escapar entre mis dedos
Y me mordía los labios por su vértigo.
Aún puedo reconocer su doliente lejanía
Convertida en nuevo latido que se resigna,
Que se niega a morir sólo en ese pequeño
Y secreto espacio reducido
A dos asientos delanteros de un coche nuevo.
La gente pasaba cerca,
Completamente ignotas
Pero sólo yo percibía
Por esos entreabiertos ojos
Como se escapaba
Lo que un día adquirió
Como definitivo.
Un te amo
Un te quiero
Y no pareciera que viniera de tan lejos.
“Estás guapísimo! y tu dices
que no levantas pasiones?”
Unas palabras que resonaban añejamente
A un antaño antojado por otra gravedad.
Podrá ser que regrese del fangoso status con su dolor oculto,
Aunque aún sin provisiones
Y yo nada entiendo, nada sé y nada quiero.
Sólo me quedo con aquel su último gesto bello
Que traje conmigo pero que nunca lo he tenido:
Nostalgia, mirada, la mano en su pecho.
No merece la pena que cualquier forma de Amor,
Sea la que sea, logre desordenar
Los bordes del alma.
Esa forma de amar
Lleva desperdicios.
Quien es quien para que digan
Que no merece la pena
Desplomar todas las estrellas
Por este nuestro amor que estalla?.
Merece la pena
Que regreses donde hayas sido feliz
Porque nada sabe da amor
Quien no ha perdido por amor una casa,
Una hija tal vez
Y más de medio sueldo.
Sé muy bien que te marchas lejos
Con esa realidad invisible que sólo nosotros sabemos,
Pero un viaje es como ese espejo
Por el que se ve como el tiempo
Lo detiene, aunque sea en otro hemisferio,
Aunque sea en la cara escondida del planeta.
Sé que te vas lejos a otra esfera
Donde el destino alarga el espacio,
Sin embargo cuando mires
Bajos tus pies a las nubes de vértigo
Verás que no viajas sola.
Ella son las que pronunciarán mi nombre
Que espera el dulce aroma
De tu regreso.
Buen viaje.
Es difícil cantar con otra voz a mí mismo
Sin que quede aprisionada por las manos
Que sostiene ese yo que ahora escribe.
Qué puedo decir en estos versos
Si yo soy mi propio poeta,
Aquel que se prohibe,
Aquel que se inflige un cielo abrupto
Cuando con esta voz herida me canto.
Estos versos, a medida, que escriben
Van borrando y dejando atrás
Un tiempo que paladeaba los colores del mar:
Ese Gran Ojo Azul en forma de Alma.
Y por dentro de este destierro
Veo como se olvidaron aquellos días,
En que la tierra se desvestía de su duro acero,
Y los pájaros dejaron de cantar para nacer de nuevo.
Vivir ahora sin querer recoger esa ceniza del pasado
Es como olvidarnos de cerrar los ojos
Cuando llega la noche con su insomnio,
O dejar lo más fácil, aún sin saber por ello,
Que es lo más difícil.
Es como irse de aquellos días de juventud
En que uno se olvidaba de sí mismo
Para recordarme en los posos de los sueños.
Ahora con tan sólo cerrar los ojos
Se desprende una llovizna, finísimos dibujos
Que van cavando en esta madurez inoportuna,
Aquellos años en que vivían al límite
Mil fieras balaustradas por dentro,
Demasiados pedazos de alma latiendo,
Como un bosque donde esconder el desierto,
Como un mapa dibujado y ofrecido
De donde jamás saldrá Afar Saicam.
Esta noche…
Qué bien se comportan
Entre sábanas de niebla
Las yemas a flor de piel.
Que bien se pronuncian
Tus ojos de puño y letra.
Abrir los ojos
Es desplomar mil tulipanes
Por este fango dulce,
Es regresar a la nostalgia irreparable.
Esta noche…
He tropezado pleno de ti
Y con esos barrotes
He resucitado.
Toda luz
Es agonía
Porque siempre
Desemboca
La flor mordida
A beberme,
Lenta y oscura,
Cuando me interrogan
Esos besos de sed.
La noche pertenece
Por qué no?
A tu luna arrullada.
Siéntate junto a mí
Casi caídos en desfiladero,
Tomémonos en la sombra,
Que es la luz y su contundencia
La que pierde su desnudo.
Ven a este lugar, adentro
Porque sólo junto a ti
La luz no se niega. Se inventa.
Humedece tu lengua
Con el ritmo de un “te amo”,
Úrgeme con tus dedos
El sexo cárcavo,
Aquí en el precipicio,
En el borde
De esta cama.
Bésame en el vientre
De la noche,
Encájate sin pausa
Con mi sombra,
Consígueme batir el cuerpo
Que grita presentido.
Contigo en la noche
Es imposible cultivar desamparo
Porque es la luz y su estrella
La que nos deja morir lentamente
Con el doloroso placer
Que desgrana el alma.
Pon tu color a la noche
Que yo le daré tu forma.
Pon tu luz al gemido
Que yo le daré tu color.
No perdamos su textura.
Hagámosla infinita,
Enciéndela, tu sabes
Porque todo lo sabes;
Tan sólo mírala aliviada
Que yo te entregaré su oleaje,
Déjame dedicarme a sangrar los besos.
Húrgame con tu aséptica voz mi silencio.
Hazme de esta noche
Tuyo.
La mujer sentada, ofrecida
Sus piernas cruzadas
Ponen límites a mis ojos
Pero también un beso a mi boca.
Qué alivio para mi pensamiento
Que no se cansa de sangrar
Que no se fatiga por imaginar
Latifundios esculpidos.
Yo debo decirlo
Que el olor es lila
Cuando abre el día.
Yo debo decirlo
Que es lila el viento
Que cierra la noche.
Lo que quiero es…
Estar yo en su pecho
Cuando su golpe lila
Abarque con el viento
Los duros senos
Donde están resumidos
Todos estos versos.
En tu andar
Como suspendido
Entre nubes
Que no dejan de saciar
Mis ojos que enmudecen.
Podrá ser
Un silencio multiplicado
Que me sumerge
En lo que soy,
Llegando a mis oídos
En forma de tiempo.
Son tus tacones de aguja
Los que me traen a mí,
Persigue a este yo
Que casi cae,
Que casi impide agonizar
En mis propios brazos.
Acaricia mis córneas, tus medias:
La seda cálida, cristal aún
Embadurnado y esencial,
Que hasta Dios…
Preso de su transparencia…
Huye.
Invítame a rozar con mi sombra
Esas luces obstinadas
Por la que se muestra,
A través de lycra finísima
Cinco flores iguales.
Déjame habitar lo que dejas entrever:
Vocablos sin silencios,
Luz de luz inefable,
Pisada tras pisada,
Una tras otra.
Tu Vida:
Algo por lo que Morir.
Alcanzo una estrella,
Pero antes de entregártela,
Déjame que la envuelva en celofán,
Que la esconda en el oleaje
Para que el mar no la distinga.
Prometo mañana dártela envuelta
Aunque un mar de coral la busque,
Aunque deje de hablarme la Luna.
Una llaga:
En mi cuerpo,
Una grieta:
En mi alma,
Un adiós:
En carne viva
La ausencia:
Esparcida,
Una inscripción:
“Se traspasa”.
Un mirador:
Lejos!,
Primavera:
Desconsolada.
Un ínfimo beso:
Inconsolable.
Mi destino:
Tu reverso.

Sobre tu rostro,
Rápido corren los árboles angelicales:
Un paisaje denso e inmóvil.
Lo recuerdo perfectamente,
Tú mirabas de frente
Con ardor de disimulo.
Hasta creí beberme tus pestañas.
Y codo con codo,
Cerca muy cerca,
La piel festejaba tu roce.
Un universo escondido
Por la sombra de tus muslos
Llenaron mis ojos
Que se agachaban.
Hubo deleite y guiño
Y se derritieron mis ojos en tu boca.
Qué pudo recorrerme en la epidermis
Que hasta se resecó el paladar?
Un sudor que sabe a cal se
pasea
Por la axila que te bebe.
Me levanto al bar.
Solo menciono: Agua.
Me muerde la sed.
Lejos, como ventisca
Que se balancea. Apareces.
Un desconcierto me nubla.
De nuevo, sembrada,
Pero ahora directa,
Terrible.
De frente.
Ya no arde el disimulo.
Se hiela la luna.
Son cuatro ojos los que gesticulan,
Y los míos, más aventajados.
Enfermo de impaciencia,
Sólo menciono: Sed?.
Sí.
Bebimos güiski hasta llegar,
Hasta soñar.
Con rabia y deseo,
Para Nunca más.
Todavía pervive en mí
Sus ojos,
Gestos,
Reflejos,
Su sed,
Mi sed,
Su risa sutil
Y un diminuto beso.
Pero llega el tren,
Abro los ojos,
Que el sueño propone…
Y junto a mi codo…
Un asiento vacío.