MARÍA POLO

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UN DEDO EN EL CORAZÓN
No penséis que soy valiente
porque aprendí a caminar
descalza por encima de las ascuas,
pues tras mi valentía
está una inmensa cobardía,
que yo intento vencer siempre
con mi alegría.
Por eso, no juzguéis a nadie
sin pensar lo que puedo esconder
en el centro de su ser
y que, a simple vista, no se ve.