MARÍA POLO

 


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CUENTO

LA FLOR DE PASCUA

Cuentan los antiguos del lugar, que había una bonita casa de piedra y azul pintada, en la que reinaba, la felicidad, el amor y la armonia, por fuera y por dentro, pues tenian todo lo que una familia puede desear en un hogar. Calido, alegre y decorado con sumo gusto por lo sencillo-que a su vez-es donde reside la gran sabiduría de la elegancia.

Esto, sé hacia notar, hasta en el jardín, ya que tenia sus arriates muy bien formados, sus macizos de flores muy bien cuidados y sus pocos árboles(unos de fruta, otros ornamentales)pero entre todos ellos, destacaba un abeto, que siempre en las fiestas navideñas, engalanaban con luces y lazos de colores, el cual quedaba allí, para solaz y alegría de todo el que por allí pasaba.

Pero un dia(por cierto no muy afortunado)llegó, asta este hogar, la palabra llena de majia negra.¡ PARO! ¡DESEMPLEO! Y.¡OH! Dolor en el corazón y en el bolsillo ¿ qué hacer? Pues,, después de mucho buscar, no les queda otro remedio, que ir de emigrantes a otras tierras, a otro pais, en busca de trabajo, casa y dinero para vivir dignamente.

Allí, empezó su peregrinación, de un lado a otro pero sin ningún resultado positivo, ya que por la premura del momento, no contaban con los correspondientes papeles que les exigían, para darles trabajo.

Así pasaron muchas calamidades Y años, Jacinta y Celia, las dos hijas mayores, siempre se acordaban de su casa, su jardín, sus amigos. Extrañas, en otras tierras,

Con otro modo de vivir que apenas entendían.

Mientras tanto, la casona de piedra y azul, se moría de tristeza, sus piedras lloraban y sus lagrimas se volvían, musgo y niqueles que cubrían la belleza de sus piedras, el azul, se tornaba pálido, desvaído como languideciendo. El jardín, qué antes era alegre, ahora se tornó, lóbrego y sombrío, sin flores que le animaran con sus bellos colorees como antaño

Así todos los habitantes del lugar, comentaban; que el jardín y la casa, estaban triste sin sus moradores y se les notaba, sufrir por su soledad.

Jacinta y Celia, siempre que podían, pintaban en sus cuadros, su casa y alrededores, así les parecía que estaban algo mas cerca de su tierra y sus gentes.

Pasaron los años, y un buen día del mes de julio, cuándo se encontraban reunidos alrededor de la mesa, para cenar, se levanto el padre y les dijo muy sonriente: aquí y ahora os digo, que os preparéis, para una gran sorpresa. Todo se revolucionó, en el comedor, y hasta el bebé, que había nacido hacia unos meses, se puso a charlar en su lenguaje particular, ajo, be, be cha, cha, ma. ,...... en fin aquello se alegró, y esperaron con expectación las palabras del padre. ,Que empezaron asi: Bueno tengo que daros la gran noticia, de que regresamos a nuestra casa y nuestro país........ bueno, allí se lloro, sé rieron y hasta se temieron que fuera una broma del padre pero este les dijo: Hoy me llamarón a la oficina de la fabrica y me han propuesto para ir a nuestro país como jefe de empresa, ya que allí se abre una nueva sucursal, entonces han pensado que no hay nadie mejor que yo, ya que conozco todo aquello, como la palma de mi mano. Yo.claro no lo he dudado un momento y he aceptado de inmediato.

Risas y más risas, y ya, mas calmados, empezaron hacer sus planes de regreso al tan querido y añorada hogar. Esto les llevo todo el tiempo restante y aunque allí, habían hecho muy buenos amigos, ni que decir tiene que, estaban ansiosos porque pasaran los días, y semanas que les faltaban para llegar a su querida casa.

Mamá Celia soñaba con limpiar su casa, lavar sus cortinas regar sus plantas ¡Dios, cuanto tiempo, había esperado este regreso!.

Jacinta y Celia pensaban en sus amigos, en sus juegos y salidas por el campo, en su “Bici” en su “Cole”, que siempre añoraban. Porque no debemos olvidar y si bien lo pensáis, el “ Cole”, es vuestra segunda casa y quieras o no, le coges cariño pues con el paso de los años, siempre tiene buenos recuerdos y compañeros a quien recordar con mucha nostalgia. En fin, así corrieron los días y por fin, llegó la fecha deseada.

Todo lucia para la ocasión, El Sol lucia espléndido y esto les hizo parecer que los guiaba hacia la felicidad, así pues, sé inicio el tan ansiado viaje de vuelta a casa.

Ante sus ojos pasaban los árboles tan rápidos que a Jacinta y Celia no les daba tiempo a contarlos, pero les deba mucha risa, cuando perdían la cuenta y tenían que comenzar otra vez. Alber, comía y dormía como si con el no fuera nada ¡era tan tierno y pequeño!.

Y papá Alberto y mamá Celia se miraban con miradas de cómplices enamorados y felices, sé acordaban de sus años pasados y alegres, e iban a su encuentro, en una veloz carrera por los raíles del tren que los devolvía a su querido y añorado hogar. Por fin, ya se divisaba la estación y oh. sorpresa, cuando llegaron a la estación fue todo un acontecimiento. Allí estaban todos sus vecinos y amigos de siempre(aunque un poco mas mayores y cambiados por el tiempo)entrados en las modernidades que requieren los tiempos, pero todos se reconocieron y se saludaron muy contentos del reencuentro después de los diez años.

Ahora, Sebastián el taxista, los llevaría hasta su casa. Y allí llegaron más. las lagrimas se apoderaron de sus ojos, sus semblantes palidecieron y recorrieron con pena todo lo que se veía.¡Dios! Como estaba todo de triste y dejado, pero esto solo fue un momento, enseguida empezaron a llegar vecinos y amigos, con regalos y agasajos y demás, pero lo más importante fue, la oferta que les hicieron. Desde mañana contarían con ellos, para poner al orden todo aquello, esto les hizo soltar mas lagrimas, pero esta vez de alegría, pues sabían que el tiempo, no puede con la verdadera amistad, y así lo estaban comprobando.

Al día siguiente cortaron setos, sembraron flores, limpiaron senderos llenaron las fuentes, todo quedo terminado en pocos días. Las mujeres se apresuraron a lavar cortinas limpiar cristales, colgar cuadros y para sorpresa de todos, el Alcalde les preparo una gran fiesta de bienvenida. Para Alber le hizo un hermoso regalo, un cachorrito de pelo rubio, con el que jugaba y se reía mucho, y un columpio que le pusieron en el jardín..

Pero sabéis lo que más le gustaba a Alber, era un sitio que él le cogió un cariño especial, allí estaba el árbol que cuando él, todavía, no había nacido ya engalanaban para Navidad, ¡pues sí!....... aquel árbol-que apenas vivía-al sentir el cariño del niño, un buen día se despertó, con el viento de otoño se desperezo y soltó todas sus hojas macilentas y reverdeció en sus tallos más tiernos.

Y

1OH

¡Como milagro de cariño y agradecimiento esa Navidad se lleno de flores rojas y sin que necesitase de mas adornos fue el rey del jardín. Desde entonces se le llama el “Árbol de Navidad”. Y cuentan los mas viejos del lugar que siempre reino la paz en torno a él.

 

FIN

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