Ya no quiero saber de amor que se hace añicos
ni de llantos errabundos que me aturdan.
No deseo cobijar escorpiones de dolor
en nido solitario de paloma.
Ya no quiero escuchar ecos que giren
en mi oscuridad sonora
ni deseo embeber de ebrias cenizas
esta grieta porosa como esponja.
Sólo quiero trashumar mi ganado de recuerdos,
salvarlo del veneno que emponzoña
y dejar mi voz escrita
por si acaso alguien un día
pusiera en manos de una musa póstuma
una flor o una cítara -que mas da-
en mi memoria.