SOLEDAD MARIE

 


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Desde el terror

Desde el terror de ya no ser escribo
en esta sed con sabores
a badajos oxidados
como pastillas de latón filoso
moribundas por el hielo
que macera mi saliva.
No chillaré como corvato solo
sin nido o nube que trepar
cuando el fuego rueda bajo la rosa
de una boca adormecida,
ni quiero ser el señuelo
de los dioses que pactan con el humo.
Yo atraparé mi grito con los dientes
-encintas de azul las sombras
y vivirá el horror torvo
que fosforece en mi psique,
callado como vive la lluvia en el celaje
herido del ocaso cuando a golpes
de mareas se desangra.

 

 

El viaje de la sangre

Puede ser calmo como paseo por lago
o lava quemando médulas;
brisa acariciando huesos
o tumultuoso viento deshojando arterias,
acompasar estados de gracia
o latir alertas proféticas…
Manar cual oasis sereno o bramar
tortuosos dolores de bestia.
Puede cruzar la carne tejiendo hilos
de calma o azotar la razón
como tentáculo colérico.
Es la sangre en su viaje por las venas
golpeando sienes, hiriendo úteros,
naufragando por bocas desnudas.
Es la sangre en constante viaje
hasta que los párpados
cesen de despertar.

Caminos

Con el grito de mis huesos hice caminos
mas no pude alejarme del murmullo del pasado.
Bate el ayer los ecos de sus alas de libélula
- farol grávido
que no puede dar a luz.
Crueles son los recuerdos
cuando no se marchan.
¿Quién se atrevería a darles azotes
con sus venas?
Los talones se me hunden en ciénaga
cuando algunas voces rancias
llegan a mi cráneo tasando
en dolor estas amarras
que sólo saben rezar a los infiernos.
No sirven de nada los caminos
si al fin no borran huellas,
cubro mis oídos
y le pido a la carroña que se aleje
pero ríen los chacales del recuerdo:
¿qué comerían ellos si mi aliento lograra diezmar
con un soplo su mudo grito ambulante?

 

 

Hombre de brisa

No ha sido por la brisa que he caído
sobre cañas punzantes,
las asas tormentosas
del viento me han apagado los soles.

Mi corazón –majada palpitante-
es frío aprisco rojo
de bestias solitarias
que devoran su sangre derramada.

Hombre que anillas noches en tu espalda
con huestes piloteadas
por cielos enhebrados,
¿qué sabes tú, de infiernos de bolsillo?

 

 

Para llorarme

Para poder llorarme raparé mis cabellos
y dejaré que los cuervos picoteen
mi cráneo, mi rostro será hoguera
de lágrimas de sangre
y guardaré la tempestad en mi boca.

Para llorarme hundiré mis ojos en el sol
feroz de un aciago mediodía vano,
clavaré arrayanes en mis cejas
mientras la herida se me
seca en el cuerpo como grumoso callo.

Para poder llorarme tocaré por fin esas
serpientes enrolladas en veneno gris
que me siguen como monóculo
del diablo y dejaré que
me cabalguen las sombras por la espalda.

Para llorarme tomaré una espada oblonga
y cortaré en el aire el balido de una
oveja; seré mi juicio final
desgajando monstruos en
las palmas de mis manos-horizonte.

Para poder llorarme comeré mis furias y
mi lengua, acodada en los ojos de un ibis
vagando locura en la boca azul
de dos dioses- mariposa
tragando saliva sentenciada en gotas.

Después arrojaré mi cuerpo tan lejos que no
habrá polvo ni estrella que lo encuentre
y sentaré al pasado
en mi regazo tembloroso como
el hambre prohibida del incesto.

Para llorarme enjugaré un llanto de bilis que
será universo y mandil de mi agonía,
hasta llagarme en muerte
durmiendo serena para siempre,
o poder llorarme incolora y desnuda.



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