Dadme burbujas de sol y rutilarán
como bejucos de oro mis brazos
-hoy gacelas rotas
trepando picos nevados con miel.
Alas que zumben luceros
y madrigales floridos
-seré pradera de frutos
sin la coraza de hierro
que me ha crecido en el vientre.
Dadme bambúes vidriados
y construiré muros transparentes
para que habiten en ellos
los arlequines oscuros del vacío.
Respiraré entonces aires claros
y aunque los fuelles del tiempo
sean sutiles dragones,
mis cicatrices finalmente tendrán cruz
y volveré a suspirar el cielo
que hoy se esconde tras columna de venablos.