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"TODOS HABLAN DE MI... PERO NADIE PIENSA EN
MI"
Friedrich Nietzsche (1844-1900). Nihilista, intempestivo y genial, la obra
de este visionario mantiene aún en tensión el pensamiento
de nuestros días. Fue el filósofo de la vida, capaz de exprimir
la historia de Europa para extraer de ella unas gotas en las que demostrar
hasta qué punto su apasionada persecución de la verdad le
llevaba a renegar de la verdad. Yo soy un hombre, soy dinamita (Ecce Homo). Si lo más representativo de una época es lo que podemos denominar su cultura, la dinamita de Nietzsche va dirigida, en nombre de la vida, contra una cultura decadente, vieja y sin vigencia que, según su criterio, dominaba la sociedad en la que existió. Frete a esta cultura, Nietzsche hará su propia propuesta formulada en la llamada cultura de los los enfoques científicos, en nombre de los cuales se ha atentado contra cualesquiera otras formas de vida y de interpretación de la realidad. Nietzsche toma conciencia de que tal mentalidad ha dado ya de sí todo lo que cabía esperar y cree llegado el momento de que afloren la creación, el arte, lo lúcido, lo dionisiaco frete a lo apolíneo, mortecino y dominante. En una palabra, ha llegado la hora de la alternativa irracional. |
| El Crepúsculo de los ídolos | El Gay Saber | Así hablaba Zaratustra |
| El origen de la tragedia | Humano demasiado humano | Más allá del bien y del mal |
| El Anticristo | Consideraciones Intempestivas I | El nacimiento de la tragedia |
| La genealogía de la moral |
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EL término idiosincrasia lo emplea Nietzsche con su significado habitual de peculiaridad, pero haciendo hincapié en lo que hay en ella de idiota. El egipticismo es la tendencia a la permanencia estática, a la petrificación y a la intemporalidad. En su obra Miscelánea de Opiniones y Sentencias dice Nietzsche: "cuando un pueblo tiene muchas cosas fijas, ello es prueba que quiere petrificarse y de que le gustaría convertí ser del todo en un monumento; como ocurrió, a partir de un determinado momento, con el mundo egipcio" Nietzsche califica lo peculiar de los filósofos con las notas de falta de sentido histórico, su odio a la nación de devenir y su tendencia al estatismo y la petrificación. Se está refiriendo a los filósofos dogmáticos, idealistas y de corte platónico que manifiestan una concepción de las cosas como si fuera definitivamente como ya son, en vez de considerarlas como en continua creación, en permanente desarrollo creativo. Cualquier elemento que afecte a l estabilidad de las cosas no es más que aspectos que no deben ser considerados. Su estatismo les lleva a considerar que sólo es lo que está quieto, lo que no cambia ni deviene. Lo que deviene, no es. Se trata, en definitiva, de la negación del tiempo, la separación del ser y el tiempo, del mundo de los fenómenos y de un mundo en sí no sujeto al cambio. ¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la nación misma de devenir, su egiptismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni (desde la perspectiva de lo eterno), -cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, eso señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, -se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el camino, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objetivos, -incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Los filósofos creen sólo en lo que es, pero, como no pueden captarlo en su totalidad, tiene que admitir que hay algo que los engaña. Es decir, no dudan del punto de partida, de la toma de postura previa, sino de algún elemento intermedio de los que interviene en el intento de percibir eso que es. Así, encuentran ese elemento de duda en los sentidos que son los que nos engañan dándonos una falsa información sobre el mundo que consideran verdadero, un mundo en sí. Como consecuencia tiene a no considerar los sentidos ni todo aquello que se deriva de ellos, como es, por ejemplo, la historia en tanto que conocimiento directo de los hechos. Todo lo que está teñido por los sentidos es propio del pueblo, de quienes no tienen el conocimiento elevado, pero irreal, de los filósofos. El "monótono-teísmo" es una expresión burlesca con la que Nietzsche se refiere a la concepción estática cristiana del monoteísmo. La exclusión de los sentidos afecta no sólo al conocimiento, sino también a todo lo que afecta al cuerpo, el elemento tan alejado del alma capaz de conseguir un conocimiento de lo que as cosas son, a juicio de los filósofos. Ahora bien, todo ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no puede apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engaño? "Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono.teísmo con una mímica de sepulturero! - ¡Y, sobre todo, fuera del cuerpo, esa lamentable idée fixe (idea fija) de los sentidos!. ¡Sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!." En toda su obra manifiesta Nietzsche un gran respeto a
la figura de Heráclito. Su rechazo de los sentidos no se basaba
en que mostraran el cambio y la pluralidad, sino justamente por lo contrario,
porque mostraban la duración y la unidad de las cosas. Pero,
en definitiva, también rechazaba los sentidos como elementos
engañadores. Pongo a un lado. Con gran reverencia, el hombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificaciones, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eleatas ni del modo como creía él. -no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración... la "razón" es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo "aparente" es el único: el "mundo verdadero" no es más que un añadido mentiroso... Hace Nietzsche una reivindicación del olfato como uno de lo sentidos menos considerados, pero con mayor poder de captación. En Ecc Homo dice en relación con su nariz: "Yo soy el primero que ha descubierto la verdad, debido a que he sido el primero en sentir -en oler- la mentira como mentira... Mi genio está en la nariz"
Una de las máximas más conocidas de Nietzsche
es la de que Dios ha muerto. Con ella hace referencia a la caída
del estilo de pensamiento dogmático y platónico
que crea un dominio de las ideas por encima del hombre, un ámbito
de lo sobrehumano que gobierna toda la vida del hombre a través
de la moral, la religión y la metafísica. La idea de Dios va perdiendo fuerza directora en la historia ya desde el Renacimiento y la ilustración, pero con Nietzsche va a descender a sus cotas más profundas. La concepción platónica de la existencia pone más énfasis en la otra vida, en otro mundo, que en ésta. Huye de la vida y, por tanto, impide un desarrollo auténtico del hombre. El hombre no puede hacerse así en libertad, sino que tiene que seguir los designios que le imponen las ideas. Hay un miedo a la vida que hace del hombre un ser débil y dependiente de la bóveda celeste que ha puesto sobre su cabeza. La vida es un continuo devenir, una creación constante que no es susceptible de ser dominada por ninguna ley ni por ningún orden. Los filósofos, en cambio se han dedicado a encorsetar ese devenir, racionalizándolo con conceptos ideales que matan lo más genuino del hombre, la creación y vivencia de su propia vida. Hay un resentimiento, un recelo hacia la vida que lleva al hombre a dividir el mundo en uno real, superior, y otro aparente, dependiente de aquél. El motivo de esto es la necesidad que tiene el hombre de sobrevivir en el difícil e inseguro mundo en devenir. Con ello se inserta el hombre en una actitud contraria a la naturaleza. Nietzsche cambia el sentido de este argumento considerando que lo único verdaderamente real es este mundo en el que estamos, mientras que el otro, el hombre ha inventado, es el que es aparente. Cuando el hombre se da cuenta que no tienen justificación la creación de ese mundo superior y director de su propia existencia, cuando descubre que no hay un ser responsable de la moral o que respalde la autoridad o que garantice el poder, entonces constata que Dios ha muerto, porque ha muerto aquello en lo que se condensa todos los valores que sustentaban la forma antigua de entender la vida. El descubrimiento de que Dios ha muerto y que es el propio
hombre el que tiene que vivir conduce a una reconversión del
propio hombre y de sus actitudes ante la vida. Ahora no tiene que buscar
valores fuera, sino dentro de sí mismo. El hombre se ve lanzado
hacia lo infinito, pero éste ya no está situado encima
del hombre, sino dentro de sí mismo. Nosotros los sin miedo. Lo que va junto con nuestro buen
humor. El fenómeno de la muerte de Dios es, en principio, solo constatable para aquellos poseedores de suficiente espíritu crítico. Para ello un sol -Dios- se ha comenzado a poner y a dudas ha comenzado a aflorar. La frescura de la vida comienza a cobrar fuerza frente a la vejez de la visión tradicional. Por lo menos para aquellos pocos cuyos ojos y cuya suspicacia en sus ojos es lo bastante fuerte y fina para este espectáculo, precisamente parece que algún sol se haya puesto, que una antigua y profunda confianza se ha trocado en duda. Nuestro viejo mundo tiene que parecerles a éstos cada día más vespertino, más desconfiado, más extraño y "más viejo" Las consecuencias de la muerte de Dios no son todavía
previsibles incluso para aquellos La moral europea tradicional se opone a la vida porque va en contra de los instintos vitales y a favor de los valores de un mundo ideal que supone distinto de éste. Esto es un síntoma de su decadencia y conduce al nihilismo, a una situación en la que el hombre queda sin sentido, desorientado y sin un rumbo determinado para su vida. La crítica de Nietzsche apuna hacia la sustitución del orden impuesto al hombre desde fuera por otro extraído de su propio interior y basado en la exaltación de la vida y de su pleno desarrollo. Pero en lo esencial puede uno decir que el acontecimiento mismo es mucho mayor, mucho más lejano y más aparatado de la capacidad de muchos que cuanto su conocimiento siquiera se permite tener por alcanzar. Y no hablemos de que muchos sepan ya lo que propiamente ha acontecido con esto, y todo cuanto en lo sucesivo tiene que desmoronarse, una vez que esta fe se ha corrompido, porque estaba edificado sobre ella; por ejemplo, toda nuestra moral europea. Para el que se siente verdadero hombre y no tiene que recurrir a elementos extramundanos que le impidan desarrollar su propia vida, las consecuencias de la muerte de dios No son un mi mucho menos perniciosas, sino todo lo contrario , la nueva situación aparece como una nueva luz, una aurora, los espíritus libres se sienten llenos de esperanzas.
- Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el regalo más grande, que hasta ahora ésta ha recibido. Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe, el auténtico libro del aire de alturas -todo el hecho hombre yace a enorme distancia por debajo de él-, es también el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad, un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad. No habla en él un profeta, uno de esos espantosos híbridos de enfermedad y de voluntad de poder denominados fundadores de religiones. Es preciso ante todo oír bien el sonido que sale de esa boca, ese sonido alciónico, para no ser lastimosamente injustos, con el sentido de su sabiduría. Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo- Los higos caen de los árboles, son buenos y dulces: y, conforme caen, su roja piel se abre. Un viento del norte soy yo para higos maduros. Así, cual higo, caen esta enseñanzas hasta vosotros, amigos míos: ¡bebed su jugo y su dulce carne! Nos rodea el otoño, y el cielo puro y la tarde.- No habla aquí un fanático, aquí no se predica, aquí no se exige fe: desde una infinita plenitud de luz y una infinita profundidad de dicha va cayendo gota tras gota, palabra tras palabra, - una delicada lentitud es el tempo propio de esto discursos. Algo así llega tan sólo a los elegidos entre todos; constituye un privilegio sin igual el ser oyente aquí; nadie es dueño de tener oídos para escuchar a Zaratustra... ¿No es Zaratustra con todo esto, un seductor?... ¿Qué es, sin embargo lo que él mismo dice cuando por vez primera retorna a su soledad? Exactamente lo contrario de lo que en tal caso diría cualquier sabio, santo, redentor del mundo y otros décadents... No sólo habla de manera distinta, sino que también es distinto... ¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos!
¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero
yo.
El 30 de abril de 1876, Malwida von Meisemburg, invita
a Nietzsche a pasar un año en Italia. Nietzsche, aludiendo problemas
de salud y necesidades de investigación, solicita una año
sabático a la Universidad de Basilea. En septiembre de 1876 emprende
viaje, junto a Paul Rée, hacia Génova. Lo que entonces se decidió
en mí no fue, acaso, una ruptura con Wagner; yo advertía
un extravío total de mi instinto, del cual era meramente un signo
cada desacierto particular, se llamase Wagner o se llamase cátedra
de Basilea. Una impaciencia conmigo mismo hizo presa en mí; yo
veía que había llegado el momento de reflexionar sobre
mí. De un solo golpe se me hizo claro, de manera terrible, cuánto
tiempo había sido ya desperdiciado, - qué aspecto inútil,
arbitrario, ofrecía toda mi existencia de filólogo, comparada
con mi tarea.
"TODOS HABLAN DE MI... PERO NADIE PIENSA EN MI" Esta queja de Nietzsche en Así habló Zaratustra es repetida por Heidegger hasta el final de su vida. El triste destino de los lugares comunes es que todos pasan por ellos, pero raramente los visita alguien. En el Prólogo, Nietzsche nos cuenta que, a los
treinta años, Zaratustra, se retira a la soledad de la montaña,
donde le acompañan sus dos animales heráldicos: el águila,
símbolo del orgullo, y la serpiente, símbolo de la inteligencia.
Darse cuenta de esto es pensar tragicamente. El pensamiento
trágico es la intuición de la unidad de todas las cosas
y su afirmación consiguiente: afirmación de la vida y
de la muerte, de la unidad y de la separación.
Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma. Magnífica afirmación que abre el prólogo de El Anticristo Este libro pertenece a los
menos.Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán,
sin duda, los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me sería
lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quíénes
ya hoy se les hace caso? - Tan sólo el pasado mañana me
pertenece. Algunos nacen de manera póstuma. (Carta de Overbeck a Peter
Gast) - Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos,
-sabemos muy bien cuán aparte vivimos. Ni por tierra ni
por agua encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos;
ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del
norte, del hielo, de la muerte - nuestra vida, nuestra felicidad...
Pero, Nietzsche va a abrir su pantomima de cumplimiento
de lo inactual, su desafío a la humanidad entera, su pulso absoluto
y patético con el presente, en el momento mismo en que se entrega,
póstumo, a sus lectores.
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Federico Guillermo Nietzsche nació en Röcken
(Sajonia), hijo de un pastor de la iglesia luteriana. Su vida transcurrió
entre el 15 de octubre de 1844 y de 25 de agosto de 1900, fecha en la
que murió en Weinar, víctima de una apoplejía.
A lo largo de buena parte de su existencia sufrió de fuertes
dolores de cabeza, problemas en los ojos y otras enfermedades que culminaron
a finales del año 1888 en un estado de demencia esquizofrénica,
de la que no se recuperaría hasta su desaparición. Nietzsche heredó la enfermedad de su padre él
diagnóstico en la autopsia de éste fue "reblandecimiento
celebral", con síntomas como su frecuentes jaquecas -tambien
sufidas por su hermana Elisabeth- y sus insistentes vómitos:
situación nerviosa conectada sin duda con su gran miopia - tres
cuartos, y aun siete octavos de ceguera, llega a decir él- todo
ello en preparación de su hundimiento en la locura a los cuarenta
y cinco años. Es esta una época en la que confluyen corrientes muy variada en todos los campos de la sociedad. En lo político, va concluyendo, por una parte, el periodo de las revoluciones burguesas y se van creando los grandes Estado nacionales centroeuropeos. Por otra parte, el movimiento obrero tiene algunos momentos de importancias, como la fundación de la Primera Internacional en 1864 y el surgimiento de la Comuna de París, de Guillermo I y la aún más agresiva de Guillermo II, con quien el apetito de poder y el derecho de la fuerza sé origen en lema político. Tiene lugar desde ahora y hasta la I Guerra Mundial un enorme aumento de la población alemana, a la vez que se va consolidando la segunda revolución industrial, caracterizada por el uso y aplicación de la electricidad a los procesos de fabricación industrial y por la complejidad de la maquinas puesta en práctica. La mejora de las comunicaciones y la concentración de los focos de producción en lugares de mayor riqueza y población completan el marco laboral en el que Alemania terminará por constituirse la primera potencia de Europa. Los científicos alemanes de este periodo aportan descubrimientos de primera magnitud. Pueden cintarse los casos de Clausius estableciendo el principio de conservación de la energía; Hertz, que experimento con las ondas eléctricas; Róntgen, descubridor de los rayos X; Rieman y Weierstrass, que dieron gran impulso a las ciencias exactas... En el campo cultural, aunque se constata una intención general de crear un arte propiamente germánico, coexiste un buen número de tendencias, especialmente en el campo de la pintura. Así, cabe citar el realismo. Influido por Courbrt, el naturalismo, en el impresionismo y la expresión. La arquitectura alemana es ecléctica, con elementos neogóticos, junto al neobarroco bávaro y al impulso de la llamada vanguardia de Munich. En música debe citarse a Johannes Brahms, representante de la música pura y a la gran figura cultural de la época, Richard Wagner, músico, pensador y creador de grandes óperas, como El anillo del Nibelungo, Parsifal y Tristán e Isolda. Influyó no sólo en grandes músicos europeos. Como Debyssy y Verdi, sino también en poetas, como Baudelaire, y en pintores, como Odilon Redon. Gran parte de esta cultura será considerada por Nietzsche como decadente y reaccionará con fuerza contra ella. Desde el punto de vista filosófico cabe destacar algunas influencias detectables en el pensamiento de Nietzsche. En primer lugar, la de Kant. Pero Kant critica con rigor las pretensiones racionales de la metafísica, no la de la que luego acepta un nuevo planteamiento de la mora y de la religión, aunque sea sobre bases más autónomas e interiorizadas. En segundo lugar tenemos a Schopenhauer, para el que el mundo es voluntad de existir, deseo ciego de perdurar. Destaca este autor que tras la razón hay algo más fuerte que ella, que e lo que nos mueve a razonar. Ese algo, es, sin embargo, de naturaleza irracional. Es atribuible también a Schopenhauer el papel predominante concedido al arte y la radical desconfianza de la idea de progreso mantenida por la ilustración. En tercer lugar hay que señalar la influencia que sobre Nietzsche ejerció Richard Wagner a través ce su poesía y de su música. En un principio Wagner fue el modelo de creador de un arte al servicio de una nueva humanidad en la que se restaurara el Pathos trágico de la antigüedad. Pero más tarde Nietzsche ve en Wagner una nueva forma de la vieja cultura, sintiéndose intelectualmente traicionado y rompiendo sus relaciones con él. En 1888 escribe Nietzsche El caso Wagner, en donde dice que su música ha dejado de ser flauta de Dionisos para convertirse en un fenómeno más de la decadencia universal. Como ya se ha dicho, toda la producción de Nietzsche hay que situarla entre los años 1871 y 1888. su primer libro es El nacimiento de la tragedia. Obra muy mal acogida por la crítica y en la que estudia el mundo griego. En ella se van caracterizando lo dionisiaco y lo apolíneo como ingredientes antitéticos de los que surgiría la tragedia desde el ámbito de la música. Lo apolíneo será lo claro, lo medido, la forma de las figuras bellas. Lo informe, el ardor sexual y lo oscuro. Mientras lo apolíneo es lo aparente, lo dionisiaco sería lo real. Se apunta aquí la primacía de lo estético frente a los filosófico y racional como criterio justificativo del mundo. En 1876 se inicia una segunda etapa en Nietzsche en la que es de destacar su admiración por Voltaire. A ella pertenecen Humano, demasiado humano, publicado en 1878, y El caminante y su sombra, 1880. en 1881 escribe Aurora y al año siguiente La gaya ciencia obra en las que Nietzsche hace una crítica desde su perspectiva de la moral y de la religión. Son libros en los que predomina el estilo aforístico. La mala visión que en esta época tenía el autor le hacía ir acumulando notas que iba dictando a Heinrich Kóselitz, amigo al que llamaba Peter Gast "Pedro Huésped". Estas notas eran publicadas sin la apariencia de un discurso hilado, sino en fragmentos de variada extensión. Así hablo Zaratustra, quizás el libro más importante de Nietzsche, ve la luz en 1883 y 1885. se habla en él del acabamiento de nuestra cultura -Dios ha muerto- y se profetiza una posterior con el advenimiento del Superhombre y la idea del Eterno Retorno. Del resto de la producción nietzscheana cabe destacar Más allá del bien y del mal, de 1886. La genealogía de la moral, de 1887. Crepúsculo de los ídolos, de 1889, El Anticristo, de 1888, y Ecce Homo, una autobiografía esclarecedora de muchos aspectos de su pensamiento, que se publicó en 1908. La poesía y la filología de Nietzsche forman
una unidad en su vida y en su obra: ambas encarnan el conflicto trágico
en que, desde muy pronto, se debatió y al que la filosofía
sirvió menos de causa que de cauce. Nietzsche fue un adelantado y como tal tuvo que pagar un alto precio por ser fiel en vida con su obra. Viéndolo así, la conclusión de su existencia no podía ser otra: la locura. Para los héroes todo se vuelve tragedia.
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