MARCELA PREDIERI

Ébano

 Marcela Predieri


IR Ébano - Parte I
IR Ébano - Parte II
IR Ébano - Parte III

 

 

Ébano

 

Marcela Predieri
Otros libros de la autora

Sangre de Amarras, ed Nuevo Milenio, 1989
Invierta un Hijo, Ed. Nuevo Milenio, 1991
La Pancarta, Ed Martín, 2000
Los Andamiajes del miedo, Ed Martín, 2002

 

Marcela Predieri: (Mar del Plata).
Es directora de la revista
de Arte y cultura “La Avispa”
y fundadora de“DELAPALABRA” ¾Grupos De Estudio y Creación Literaria¾   www.delapalabra.com.ar

http://mpredieri.blogspot.com

Contacto: delapalabra@hotmail.com

Diseño de Tapa: Gustavo Fogel
fogelgustavo@hotmail.com

 

 

Permitida la reproducción -ya sea electrónica, radial, televisiva, mecánica, fotocopiado, grabado, xerografiado o cualquier otro medio- siempre que se cite el nombre del autor y la fuente. (Es más: se agradece)


Una Palabra Pre/Eliminar

La decisión de Marcela de no incluir prólogo alguno en su nuevo libro me llevó, como amigo, a preguntarme por qué. Decidí entonces hacerle esta pequeña entrevista -en un principio a destinada a “La Avispa” -revista de Arte y Cultura que dirige desde el año 2000-  pero , una vez realizada, me gustó tanto que le rogué que la incluyera a manera de introducción. He aquí algunas de sus respuestas:

Marce, ¿éstas son palabras pre eliminar o post eliminar?
Es un libro post eliminar ya que de casi trescientos poemas –me causa gracia porque había jurado no volver a escribir- solo me quedé con lo esencial. Por eso no tiene un núcleo temático sino varias secciones que han sido tramadas hasta conseguir la unidad que quería para que conformara un poemario. Y también lo siento un libro pre eliminar porque intuyo que aún estoy a tiempo de tirar todo esto a la basura.

No creo que tanta sensibilidad puesta al servicio de la palabra deba ser arrojada a la basura… ¿Por qué considerás eso?
Es que este libro es un asco. El libro que jamás pensé publicar, que nunca quise escribir. Pero muchas veces la literatura nos pone otras almas, otras bocas en la mano, y en ellas somos, aunque duela, aunque avergüence, aunque sea regocijo esta pena de besarnos en la boca con la vida o con la muerte. ¿Por qué una va a ser mejor que la otra? ¿Por qué este libro va a serlo?

Hace cinco años que no publicabas a pesar de tener material para hacerlo ¿qué razones te llevaron a editarlo ahora?
Estaba creciendo demasiado, ya dolía; así que fue necesario extirparlo, como a un cáncer. Es curioso: cada mañana al despertar leo un cartelito que pegué hace años en el espejo de mi cuarto; dice “Yo no tengo ningún problema”; tal vez sea para creérmelo o para darme cuenta de una buena vez de que es cierto. No sé, lo dudo. Dudo. Por eso escribo poemas y no reflexiones metafísicas. La poesía es eso: “arder de preguntas”, por eso me decidí. Digo en un poema: “No voy a escribir / Voy a leer / a leerme y darme lástima” ¿No es terrible? Se puede leer un libro pero no se puede leer a una persona salvo que esté desnuda. ¿Desnuda un libro? Claro que sí, pero no al autor sino a los lectores que al fin al cabo son los protagonistas de lo escrito.

Entonces este libro desnuda mujeres… Porque es un libro que ronda la problemática femenina.
No sé si es un libro sobre las mujeres, creo que es apenas un poemario sobre mi mujer. Un libro que da miedo porque está escrito por una mujer a quien le cuesta reconocerse. ¿Sabés, Ale? Todavía me veo subida a los árboles de la casa de mis abuelas, con las rodillas sucias de tanto jugar a la pelota o en la vereda lavando el auto de papá… y siento más que nostalgia. De lo que estoy segura es que no es un libro para mujeres. Muchas se horrorizarían al verse descubiertas. Ya me pasó con Dadora, un extraño poema de Los Andamiajes del Miedo, que en un fragmento dice: Mujer fatiga y goce / purísima y barata / Mujer que sólo una mujer despedazada / que se reencuentra en todas ellas madre / un mendrugo de sí misma.
Te lo voy a confesar: definitivamente es un libro para hombres, pero no para que nos conozcan y entiendan; como dice el dicho: para que nos amen.

Sin embargo sé que la primera versión llevaba en la contratapa “Hombres abstenerse”…
Es la mejor manera de atraerlos, o ¿no?

A mí, por lo menos. Por favor, hablemos del motivo que me llevó a hacer esta entrevista. ¿Por qué no lleva prólogo? Para muchos hubiera sido un honor.
Vos me conocés, Ale. Siempre preferí un café con amigos a cualquier pomposa cena por compromiso.

Ahora en serio, Marcela ¿Por qué Ébano?
Es una madera dura, casi negra; tan pesada que no flota en el agua; muy resistente al choque. Los ebanistas la aman. Y estos son, sin duda, los poemas más oscuros que he escrito en la vida. Yo misma soy dura, me hundo tal vez con demasiada frecuencia, me encanta ir al choque de frente y mi poesía es, por cierto, nada clara. Pero así como el ébano tiene una veta alba, de rara belleza, realmente de luz, espero que este libro también la tenga.

Una última pregunta: ¿A quién dedicás este libro?
A la que no soy, porque como escribió Kundera en La Insoportable Levedad del Ser: “mis personajes son mis propias posibilidades que no se realizaron”

Yo agregaría que tus personajes también son la posibilidad de realizarse para muchos lectores. A veces, al leer alguno de tus poemas, siento que han sido escritos con desgarro pero también con mucha fiereza, como si nacieran desde lo profundo del útero. Te deseo toda la suerte con este libro, que a partir de ahora es nuestro.
A ustedes. Yo no voy a leerlo; a esta altura ya me tiene harta. Tal vez me dedique a escribir. ¿Otra vez sopa?

Alejandro Gómez
Mar del Plata
Noviembre 2007

 

 

 

 


 

 

 

afasia

nadie me verá de espaldas

Huérfana de cautela o ceremonias
voy hacia el génesis

No hay razón para maniatar al grito
atrincherar la verdad tras una mueca
 ser escrupuloso títere del hambre
o un selecto imbécil del silencio

Por eso me rebelo
trasmuto con terquedad de hormiga
todo antiguo anonimato

La mano del juego comanda los destinos
y me invita a no irme al mazo

Hay cuatro barajas sin jugar
una es la muerte


imposibilidad

Puedo llagar mis brazos
lamer la humedad del sur
crispar mis senos al rocío
o recostarme sobre el polvo

Puedo abrir las ventanas
        al grito encadenado de la corteza
y todavía no sangrar pájaro

Flecha en el carcaj
nonata
          en la palabra primigenia


habré de acomodarme a mis muchas soledades

Me asola esta inicial
el moho que aparea mi tristeza
                         a los domingos

Me zurzo las manos
en vano intento de escribirte

Igual a otra vieja estación
  las páginas en blanco
       los rieles por andar
           el tibio lenguaje de los ojos
quizás encallen
junto a los alfileres de la culpa
                               o el pasado

Quizás pueda tu retorno

Quizás coagule esta ciudad
en la bahía


identidad

Es una palabra de sexo femenino
       cotidiana
                 simple como una taza
o la lluvia sobre las violetas de mi patio

Un sustantivo en fuga
          lo sé
                  pero no lo hallo

Cierro los ojos

                   Tal vez me encuentre


el sigilo del fuego

Cercada por meridianos de silencio
miro aquel insecto que me ignora
que no sabe del peso de la muerte

Me consumo
                él levanta vuelo

Tal vez haya algún error en los oráculos
o en mi página infecunda


en la brevedad de una copa

Aquel índice reconoce la cintura y el anverso
Duele soledad
tiembla ventana de la lluvia

La noche esfuma vapores de alcohol
El oleaje de la armónica
         se eleva caricia y musgo

Más allá
             la lentitud del espacio
un escapulario demasiado viejo para este hoy
tal vez demasiado pájaro
o demasiado tiempo
sea vislumbre aguja quizás queja

Tras un vientre encorsetado de palomas
esconde sus ojos traviata la cordura

¡Arqueen las sogas debajo de mis dientes!

que el viento no sepa
       que el viento me guíe
                  que el viento no pueda


esclavo a los andenes

En los ojos de la tierra
       gris se espeja el cielo gris

los celajes intentan trizas de altura
y callosas
          las manos del muelle
reverberan la tarde al gemido de un tren

No hay ojos para la memoria de este cuerpo
que apuñala viento en su garganta

Escribo mi equipaje con soberbia de jacintos
         en un suburbio ajeno a los perros y la noche


condición poética

La palabra esclava
pone sus pies
bajo el espejo de la memoria

Profano las escaleras
que lamen el muro del reino:
mi nombre
del pan hermano y del culto

un perfil en el rincón
que se suicida


hay dos frutas pudriéndose en el plato

De acuerdo:
     no es imagen para empezar ningún poema
pero me miran desde su luz temprana
me provocan con su olor dulce
los rostros ajados
sus lunares

En ellas las simientes

Tal vez las arroje al baldío de la esquina
tal vez algún pájaro

En cambio en mí
                 el silencio no geminará


poesía

 

Una elección

un paso en falso

y esa eterna disposición a la tristeza


por qué el silencio me hace piel

Sueño que no ensueño
Me ofusco
                 no alucino
transfiguro
Transfiero los prejuicios

Intento una novela que rebele
que revele la rebelión que hay en el engaño

No finjo
     Me aparezco apareada la espera
al afán de nuestro empeño

Y da tanto gusto darnos ánimo
aplaudirnos el esfuerzo
               Pero no hay certeza
en un trapecio semejante

Convencete:
            desde otra perspectiva
-la del ingenuo claro-
 todo es cuento
             también dogma y nomeolvides


tal vez no estemos listos

¿Y si no fuera el miedo
         ni el gato negro de ningún ojo amarillo?
¿Si no fuera el temblor de los trapecios
         ni la garganta seca de tu voz?

Si no fuera nada de eso
sino uña encarnada a la noche
        pánico de ángeles imposibles
soles de hielo ante el aliento alucinado del mediodía

Es preciso desnudar los ojos

Lo sé
        No es nuestra vocación a la pena
                                              o a los pájaros en luto
Es reconocernos huérfanos
ajenos a la conformidad de las tumbas cotidianas

Por eso avanzamos
     desgarbados de muros
      rompe nieblas
                capaces de cualquier hoy

No a ciegas

porque puede ser
          que no seamos nosotros para el miedo

No sé
        digo yo
                    sólo tal vez


demasiado

Habré de tomar el fuego con los dientes
y toda lengua que no conduzca
                        hasta el hartazgo del averno

Herida y mínima
                          como el miedo
no haré demandas

El dolor nos infecta
Es la estirpe
            y me recuerda el tiempo en que yo también
 fui mordida por primera vez

El lago tembló entonces
             el trigo ya no florecería pan
aun retoza vejado de llanto
            y muere de muerte natural
                    -tan naturalmente bella-

 

Hoy
        al ver tu imagen en el quiebre de los espejos
porque con cualquier espejo
                                    pueden labrarse las cuchillas
sabré correr
                y cortar las sogas de esa cruz
que hace brillar la culpa de no poderte
                                                  de no poderme

Por eso
         cuando los pies vuelvan a sangrar para siempre
y de verdad sobre los filos del poema
        nos condenaremos como náufragos
contra y a favor de los muchos lobos que somos
                           de los muchos corderos

No puede ser de otra manera
y aun así
          es casi nada
                       como nada 

Ningún remedio puede pintarnos los ojos
                            que seguirán siendo huérfanos
como nosotros de nosotros
         los malditos los mediocres
imbéciles de la palabra
         que corrompemos con lunas los grises
y sólo nos sacia ese silencio capaz de masturbarnos

Ya no existen pecados
Podemos ser nunca más una apariencia
                desvestirnos de las máscaras
                                      o dejar de luchar     

Te convoco a la ronda negra
             porque no puedo dejar de rondarte
                                  de rondarme

Yo lo he aprendido hace tiempo
aunque no sea fácil hacerse
        contra la sonrisa vencida de las calles

Ya nada de berrear que de la poesía no hay regreso
       siempre será vodka y miseria lo que urdas

No te vayas
               No te asustes

También puede ser que lo que narres
          sea otro cuento
                     mucho menos peligroso


de revoluciones

Cuatro vidas
trece féretros enfrentan la ausencia de las hojas
El ángel de la muerte golpea con su aroma a noche
lleva su carro o su cruz en sueños de suicidas

Como un campanario inútil al desierto
               se empeña en atraer mi cuerpo de mujer
Me pregunto si andan descalzos los demonios
                     si mi boca no perece ya de tanto invierno

Hay un juego que no alcanzo a descifrar
un pueblo entre líneas
            junto a cruces que surcan los eneros
pero el padre ha olvidado las plegarias

Es imposible bautizar otro río
                         con las ruinas de la costumbre

No hay pantano que cubra la memoria

La cobardía pesa
¿o es tu luto en mi garganta?


hay que ensuciarse los ojos
Es parte del entierro
estos brazos que por colgar pesan tanto
Gustavo Tisocco

Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a besar la muerte

Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas

A ellos
        de hembra alguna
que tienen precio de orgía
       y abrasan en el agua
                las huellas del deseo que saben mutilar
que sólo conocen la lengua de su espejo

A ellos que no pueden evitar
ser soga de mendiga colgada a sus monedas
pan en la boca de un tigre
nudillos al borde de no importa qué
                                                   plegaria manoseada

Hay que saber desnudarles el pellejo
sepultar sus rodillas
masticarlos como a hostias
desgastarlos como a un centavo ciego
y dejarlos por fin inmóviles de tiempo
para ver lo que esconde la sepultura de sus cejas

para descubrir que lloran como cualquier mortal
y que como a cualquier mortal
                      la madre los traiciona

Y serán tan bellos cuando lloren
cuando los veamos morder
                               con oficio de Dios
ese miedo de pájaro a subirse a los ojos de los gatos
mientras yo los araño


punto final

La ciudad ha parido sobrevivientes
tras el contorno de la náusea
pero no quiere recordar

Dicen que agita impaciencia
pero esquiva ataúdes
           con la parsimonia de un discurso
que de tan viejo
ni siquiera es culpa u olor a pasado

Sólo los muertos habitan la pena y la memoria

No te equivoques
Es otro rito
        el que quiere desraizar de entre sus piernas:
tanta vieja rezando calesitas
          en medio de la plaza


convoco a la conjura de los tigres

El miedo desborda cicatrices
que tiñen de violeta la piel y el humo

Te veo muerto en un hoyo sin memoria
Hay vino entre las grietas
en tus pies de andamios desmayados

Como si no hubiera nacido antes de ahora
un ahora que no es que no es posible
no soy yo
pero no me asusta no encontrarme

El tiempo se detiene
alza sus agujas
y mi vientre lapidado en el ayer
es parca y entrega

Arquera de gorriones derribo la tarde

Un abrazo de Möebius repite la historia
mundo light

Voy a escribir yacaré
estropajo ajo
tropa tridente

Voy a vomitar membrillo
                       agujas negras
                       tierra que trepida
morder cactus contra la ceguera

No más tapiada mi boca de ceniza
seré revolución

Hembra mordida
              gritapalabraputa

 

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