Sin pedirlo y sin buscarlo,
una noche cualquiera,
en un horario que no recuerdo,
fui descubriéndome,
mujer sola y sin rencores.
Las horas pasaban,
los minutos no contaban,
y yo muda de palabras,
pero llena de ilusiones,
fui buscando,
en la noche tibia una respuesta.
Y en mi gloria de mujer errante,
fui viendo desmenuzarse,
como una nube por el viento,
mi alma triste y pobre,
de alegrías sin memorias.
Y así, salí al mundo,
desparejo y cruel,
de rocas agrietadas
en un camino maltrecho.
Y los recuerdos fueron muchos,
y las plegarias miles,
para volver a nacer,
a este mi mundo,
desanimado y amnésico.
y me creí cuerda,
y me creí pura,
pero que tan cuerda soy,
que sin un recuerdo tuyo,
no se vivir.
Y así la noche tibia,
se volvió helada, y mi cuerpo tiritaba,
cual alma transparente.
Y los años no se apagaron,
y las arrugas me cobijaron,
y la tristeza siguió en mi alma,
como aquel día en que te perdí.
DIANA EVANS
22/10/2006
|