Corrí descalza entre marañas y espinas,
llore amargamente, tu partida,
sola me quede en un mar solitario
esperando tu regreso.
El aire de una mañana de verano,
me reconoció en la arena,
una lluvia tenue,
un relámpago,
el trueno y mil gotas,
de un sonar de techos latosos.
Soñé con tus ojos, tu dulzura en mi pecho,
arme mil historias,
en mi mente galopante,
mi delirio fue amarte,
por no odiarte,
murió mi alma.
Y entre lagrimas y lluvia,
sepulte tu mirada,
y enterré en la arena,
mi corazón hecho hilachas.
DIANA EVANS
22/10/2006
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