Dulce inquietud, de permanente espera,
Alterada pasión de rama tierna,
Cual tienes la esperanza en primavera,
En todos los sentidos de tu alma eterna.
No te inquietes, querida flor de larga espiga,
Porque las hojas del saber y tu envoltura,
Vayan despacio en el camino de la vida,
Al contrario, en completa armonía de locura.
Ese espíritu alterado que ahora emana,
A la búsqueda de amor en sí mezclado,
Como paloma que cae del nido en la mañana,
Buscando hacia el uno y otro lado.
Ese pelo deslizado que en bajada,
Va cubriendo tu rostro enrojecido,
De miedos de juventud no terminada,
Llegará a ser un río fuerte enriquecido.
Y cual preciosos ojos de mirada ladeada,
Intimados siempre alertas, centinelas,
Llenos, inquietudes de espera vigilada,
Cuantas flores de luz les cegaran eternas.
Cecilia, mujer eterna de mar embraveciendo,
De rostro melancólico y sedoso hacia el futuro,
Deja que la luz del sol amaneciendo,
Te ilumine poco a poco de oro puro.
Carlos Hormaechea
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